«Todo se lo debo a mi manager y a la Virgen de Guadalupe», Raúl, el Ratón Macías, boxeador.

Es imposible entender México si no se sabe de la devoción de los mexicanos por la Virgen de Guadalupe. Como todos los años millones de mexicanos acudirán el próximo 12 de diciembre a «cantarle las mañanitas» a la señora del Tepeyac. Y en el atrio de la Villa guadalupana se volverán a juntar ricos y pobres, comerciantes y peregrinos, capitalinos y foráneos, actores de telenovela, artistas vernáculos, grupos de roqueros y practicantes de las danzas prehispánicas, irán lo mismo indígenas que mestizos o criollos, y entre ellos habrá devotos, antropólogos, turistas o simples curiosos, y como en La Fiesta de Serrat, por un día el bueno y el villano, el prohombre y el gusano, bailarán y se darán la mano sin importarles la facha.

En lo personal no comparto el fervor a la Virgen de Guadalupe, por eso no deja de sorprenderme que el 64% de los adultos de México confiesen que sienten una gran devoción por la Virgen Morena, y que conste que la encuesta que entregamos hoy a elpais.com es telefónica, es decir que no estamos hablando ni de los más pobres, ni de los que tienen los niveles educativos más bajos.

Más de la tercera parte de las personas que entrevistamos nos dijeron que acuden a la Villa al menos una vez al año. Haciendo cálculos muy conservadores y suponiendo que este porcentaje se mantiene entre las personas que no tienen teléfono en su casa, estamos hablando de la nada despreciable cantidad de por lo menos treinta millones de visitantes adultos al año, súmenle los niños y adolescentes que los acompañan y entenderán por qué la Basílica de Guadalupe es el santuario católico más visitado del mundo, después por supuesto de la de San Pedro.

Y según lo que descubrimos en la encuesta, el fervor guadalupano paga y muy bien, porque cuatro de cada diez personas que entrevistamos aseguran haber recibido personalmente un favor o milagro de la Guadalupana, y otro nueve por ciento dice que personalmente no lo ha recibido pero conocen a alguien que sí ha sido favorecido por la Virgen. No hay gobernante, político, empresario o filántropo en México que se acerque siquiera al número de los que se dicen beneficiados por la Virgen del Tepeyac.

Pero la Guadalupana es más que un símbolo religioso, por lo menos para el cuarenta y cuatro porciento de los mexicanos, es también un símbolo patrio como la bandera o el escudo nacional, y buen provecho han sacado de él no pocos líderes de movimientos sociales en nuestra historia, desde el cura Miguel Hidalgo, que hace casi 200 años decidió convocar a la lucha de independencia estandarte guadalupano en mano, hasta el líder del sindicato de la recién extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, quien en un acto de protesta en contra de la medida gubernamental apareció ante cámaras con la Virgen de Guadalupe, claro que a los del sindicato de electricistas no se les cree que los haya movido la devoción, sino un intento fallido para manipular a la opinión pública.

Se entiende que el público piense que los políticos, líderes sindicales o guerrilleros quieran utilizar a la Virgen para manipular a las masas, pero lo curioso es que no llega ni al treinta por ciento los que creen que la Iglesia Católica también utiliza a la Virgen Morena para manipular conciencias, por el contrario, en opinión de siete de cada diez personas que entrevistamos, los pastores católicos, apostólicos y romanos no utilizan a la Virgen para ganarse adeptos a su causa.

Si tenía razón el siempre profundo ex presidente Vicente Fox cuando dijo »Pemex, como la Virgen de Guadalupe, es un símbolo que debe manejarse con cuidado»

Fuente: http://elpais.com/elpais/2009/12/07/opinion/1260178739_850215.html

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