La vibrante ciudad de Guanajuato, capital del estado del mismo nombre, fue fundada en 1557 y hoy es uno de los enclaves más peculiares de México; recórrela a través del laberinto de sus empinadas calles, funiculares, túneles y minas; descansa en plazuelas que se llenan de vida por las tardes; emociónate en alguna velada teatral del famoso Festival Cervantino; camina por rincones donde el tiempo se ha detenido; admira sus palacios y galerías de arte; emociónate con las leyendas que saldrán a tu encuentro en sus callejones.

Hablando de leyendas, voy a contarte sobre un sitio por el cual pregunta todo viajero: el Callejón del Beso, escenario de un legendario y trágico romance:

Se cuenta que doña Carmen era la única hija de un hombre intransigente y violento, que tenía planes para casarla en España con un viejo noble y rico a fin de acrecentar su mermada hacienda.

Por entonces, doña Carmen era cortejada por don Luis en un templo cercano al hogar de la doncella, a la que el joven se acercó por primera vez ofreciéndole de su mano el agua bendita.

Al ser descubierto el romance sobrevinieron el encierro y la amenaza de enviarla a un convento.

Apoyada por su dama de compañía, doña Brígida, la bella y sumisa criatura imploró sin éxito la comprensión de su padre. Antes de someterse al sacrificio, resolvieron que doña Brígida llevara una carta a don Luis con la infausta nueva.

En su desesperación, al joven enamorado se le ocurrió una idea: comprar a precio de oro la casa ubicada frente a la de Carmen en un angosto callejón, tan estrecho que asomado a la ventana podía tocar la pared de aquella. Desde ahí podrían hablar y entre los dos, encontrar una solución al problema. ¿Imaginas la sorpresa de doña Carmen cuando asomada al balcón se encontró a tan corta distancia con el hombre de sus sueños?

Habían transcurrido unos instantes de aquel coloquio amoroso cuando al fondo de la pieza escucharon frases violentas. Era el padre de doña Carmen increpando a Brígida, quien se jugaba la vida para impedir que su patrón entrara a la alcoba de su señora.

El padre arrojó a un lado a la protectora de doña Carmen y clavó una daga en el pecho de su hija. Don Luis enmudeció de espanto con la mano de su amada entre las suyas.

Ante lo inevitable, dejó un tierno beso sobre aquella mano tersa y pálida, ya sin vida.

De ahí el nombre dado a este sitio: “el Callejón del Beso”.

En esta historia no triunfó el amor… o quizá sí, si consideramos que cada uno de los miles de viajeros que año con año se detienen en el Callejón del Beso es capaz de revivir aquel sentimiento que una vez unió a los desafortunados enamorados.

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