Un día de 1913, Martín Luis Guzmán se une al ejército revolucionario del norte de México, sin saber que su golpe más fuerte al status quo del país, será acertado hasta 1929 con la publicación de La Sombra del Caudillo. Esta novela formidable, libra su propia revolución desde la precisión, el equilibro y la exactitud del lenguaje que el escritor le ha otorgado. La historia nos relata el descenso del héroe trágico a lo más siniestro de los infiernos de la política mexicana.

El relato se estructura en seis libros que a su vez se subdividen en varios capítulos. En cada uno de ellos se relata las acciones del joven secretario de guerra, Ignacio Aguirre, que lo llevarán ¬–como hemos dicho– al destino trágico del héroe clásico: una terrible muerte.
Toda esta tragedia se teje en la oscura realidad –¿ficcional?– de un mundo político postrevolucionario, en el que un solo hombre conduce el rumbo de un país bajo egoístas y ambiciosos intereses. Así, nuestro héroe descenderá vertiginosamente –acaso de forma ingenua– intentando no oponerse al caudillo, tratando de salvaguardar la amistad que lo une a sus colegas políticos, atado a intensos amoríos con bellas mujeres. Descenderá para ascender –erguido, hercúleo, “en absoluta quietud”, cual héroe clásico– sólo a través de la muerte. El héroe se sublimará cuando pierda el mundo al que pertenece, cuando se separe por completo del caudillo.
En resumen, es un libro sin aspavientos, sin truculencias, sin pretensiones odiosas, colmado de una ficción en la que de manera paradójica subyace un alto contenido de veracidad, es decir, pareciera que se lee una crónica novelada, una serie de documentos históricos permeados por la literatura, el conjunto de las atrocidades del sistema político mexicano relatados de la más bella manera. Acaso por estas razones su lectura sea rápida y agradable, a la vez llena de la amargura de la realidad.
Ahora bien, más allá de la tragedia en sí y de la obra literaria misma, es importante destacar el gran valor de su lectura reflexiva, del acercamiento a lo más hondo y putrefacto de la realidad política nacional desde la visión elegante del autor, una invitación a mirar cómo es que los ideales románticos –amistad, libertad, unidad– se marchitan al toque con la realidad del cotidiano político que se extiende largo y atroz, como la sombra del caudillo, hasta nuestros días.
Por eso y por último ¿para qué leer, entonces, La Sombra del Caudillo? Para saber, como Ignacio Aguirre, el héroe que «Cayó, porque así lo quiso, con la dignidad con que otros se levantan», pero que antes de morir alcanzó la anagnórisis, la revelación y pudo saber. Igual que el que lee.

Guzmán, Martín Luis. (1998). La Sombra del Caudillo. México: Editorial SEP

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