El “Desarrollo Estabilizador” fue el período en que la economía mexicana se vio caracterizada por un alto crecimiento de la producción, bajas tasas de inflación y estabilidad en el tipo de cambio. Esta estrategia de desarrollo comenzó a finales de la década de los 50 y concluyó a finales de los años 60.

La política adoptada en términos monetarios y fiscales fue ortodoxa. Si bien el gobierno continuó con una política de gasto expansiva, ella no generó grandes déficits fiscales. Durante la década de los 50, dicho déficit fue de 0.03% anual. Además de bajos niveles de deuda, es fundamental recalcar el destino del gasto; es decir, no sólo hay que tomar en cuenta la cantidad, sino también la calidad de éste.

El componente más importante del gasto gubernamental fue la inversión en infraestructura básica, principalmente en el apoyo a la actividad petrolera, la construcción de carreteras y el mejoramiento de servicios de salud y educación.

Si únicamente consideráramos estas políticas, observaríamos un incremento de la demanda agregada de la economía, impulsada principalmente por un aumento en el mercado de bienes. Así, habría crecimiento del producto, pero también se darían presiones inflacionarias. Sin embargo, ésta última no es característica del Desarrollo Estabilizador. Nuestro análisis estaría incompleto si no consideramos las fluctuaciones que presentó la oferta agregada.

La política de gasto gubernamental generó externalidades positivas en diversas actividades económicas. Se estima que alrededor del 23% del crecimiento de la producción se debió al aprovechamiento de estas externalidades.

De igual manera, la Secretaría de Hacienda utilizó estímulos fiscales para motivar la reinversión de las ganancias de las empresas; asimismo, la política fiscal buscó la creación de nuevas empresas. En su conjunto estas políticas tenían como objetivo aumentar la demanda laboral, con sus consecuentes aumentos en el nivel de empleo y en los salarios.

No obstante, ésta no fue la única causa por la cual se observó una alza en los salarios. La inversión que se hizo fomentó la acumulación de capital físico en las empresas. Conforme el capital aumentaba, la cantidad de trabajadores por unidad de capital disminuyó. La mano de obra se estaba volviendo un bien cada vez más escaso en relación al capital, llevando a un incremento en el salario de equilibrio.

Esta visión de desarrollo basada en el incremento del capital por trabajador fue evidente en el discurso del Secretario de Hacienda, Antonio Ortiz Mena.  El incremento en la remuneración por trabajador significó un aumento en el ingreso laboral de éstos, propiciando así que la demanda agregada continuara su expansión. La acumulación en el acervo de capital también provocó una mayor producción de las empresas.

Otro factor trascendental en la estructura del desarrollo estabilizador fue la protección de la industria nacional a la competencia externa. Bajo este esquema, el precio que pagan los consumidores por los bienes será mayor que si se abriera el mercado. Además, las empresas carecen de incentivos para ser eficientes y para proveer servicios de calidad.

El Desarrollo Estabilizador fue sumamente exitoso en el sentido de alentar el máximo nivel de producción bajo estabilidad de precios. El crecimiento se había logrado, pero no así la erradicación de la pobreza ni la desigualdad. Mientras la industria vivió su apogeo, la agricultura disminuyó su crecimiento. Se dio un proceso de desarrollo con un sesgo urbano y desinterés hacia la disparidad en el ingreso.

Fuente: http://www.dineroenimagen.com/2012-12-26/13356

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