El crash de 1929 fue una crisis del mercado bursátil que tuvo lugar en Nueva York entre el 24 de Octubre y el 29 de Octubre de 1929. Este evento marcó el comienzo de la Gran Depresión, la mayor crisis económica del siglo XX. Los días clave del crash se denominan: Jueves Negro (24 de Octubre), Lunes Negro (28 de Octubre) y Martes Negro (29 de Octubre).

CAUSAS DEL CRASH

El crash de 1929 fue resultado de una burbuja especulativa, cuya génesis se remontaba a 1927. La burbuja se amplificó por el nuevo sistema de crédito para la compra de acciones, que, desde 1926, había permitido Wall Street. Los inversores podían comprar valores con una cobertura de sólo el 10%. El tipo deudor dependía del tipo de interés a corto plazo; la sostenibilidad de este sistema dependía de la diferencia entre la tasa de apreciación de las acciones y las tasas de préstamo. Tras el aumento de los tipos de interés en Abril de 1929, se produjo el primer estancamiento, y muchos inversores se vieron obligados a vender sus títulos para cubrir los préstamos. Esta corriente de ventas desencadenó una reacción en cadena.

ANTES DEL CRASH

 

Dow Jones 1921-1929
Dow Jones 1921-1929 (click para ampliar)

Los años 20 fueron un período de fuerte crecimiento en los Estados Unidos. Así, entre 1921 y 1929, la producción industrial aumentó en un 50%. El boom de la Bolsa no salió de la nada. Sin embargo, el aumento en la economía real durante el mismo período fue del 18%, mientras que la Bolsa subió un 300%. Según Jacques Brasseul, «el precio de los valores aumentó más que los beneficios empresariales, que a su vez aumentaron más que la producción, la productividad y los salarios.» Creció mucho el elemento especulativo y se convirtió en predominante a partir de 1928, hasta que la empresa Charles Merrill (ahora Merrill Lynch) recomendó no endeudarse para comprar más acciones, y dijo: «Aunque no se trata de una recomendación de venta, es el momento oportuno para liberarse de sus créditos.» Esto no atrajo a los inversores, porque la capacidad de revender con una importante ganancia hacía que muchos títulos se compraran a crédito.

La propia economía estaba mostrando signos de debilidad a principios de 1929: por ejemplo, la caída de la producción de automóviles de 622000 vehículos a 416000 entre Marzo y Septiembre. La producción industrial disminuyó en un 7% entre Mayo y Octubre. Esta desaceleración se debía en parte a un fenómeno de asfixia: el capital disponible provenía de la Bolsa y no de la economía «real».

Entre Marzo de 1926 y Octubre de 1929, el precio de las acciones aumentó en un 120%. El 3 de Septiembre, el índice Dow Jones llegó a 381.17 puntos, su nivel más alto desde 1954. El 16 de Octubre, el economista Irving Fisher dijo: «Los precios de las acciones han alcanzado lo que parece una meseta permanentemente alta».

EL CRASH

 

Dow Jones Octubre-Noviembre 1929
DJ Octubre-Noviembre 1929 (click para ampliar)

Unos días antes del crash bursátil (18, 19 y 23 de Octubre), tuvo lugar la primera venta masiva de acciones. El Jueves, 24 de Octubre (Jueves Negro) fue el primer día de pánico real. Por la mañana, casi no había compradores, a ningún precio, y las acciones colapsaron. Al mediodía, el índice Dow Jones había perdido un 22,6%. Un motín estalló fuera de la Bolsa de Nueva York, después de que los guardias del edificio y la policía impidieran la entrada de los accionistas. La galería de visitantes fue cerrada. Circulaban rumores de que algunos especuladores se habían suicidado, y que las Bolsas de Chicago y Buffalo habían cerrado, y, por lo tanto, también Nueva York estaría a punto de hacerlo. Una reunión de emergencia entre los cinco principales banqueros de Nueva York se celebró en la sede de JP Morgan & Co durante unos veinte minutos. Al concluir, Thomas Lamont, un líder de JP Morgan, dijo: «Ha habido una pequeña cantidad de ventas en la Bolsa (…) debido a las condiciones técnicas en el mercado. (…) El consenso de nuestro grupo es que la mayoría de las cotizaciones del mercado de valores no representan fielmente la situación. (…) La situación es susceptible de mejorar». El mercado se recuperó ligeramente ante la noticia de que los bancos intervendrían para apoyar los precios. De hecho, alrededor de las 13:30 horas, los inversores institucionales, liderados por Richard Whitney, vicepresidente de la Bolsa de Nueva York, intervinieron directamente. Whitney se acercó al puesto de cotizaciones de Aceros de EEUU (US Steel) y pidió el precio de mercado en ese momento (195), anunciando que quería comprar 25000 acciones a un precio de 205. Fue haciendo lo mismo en una docena de puestos de los principales títulos accionariales. Los precios se fueron recuperando rápidamente, y las pérdidas totales de la jornada se limitaron hasta sólo el 2,1% (Dow Jones: 299,47 puntos). Por ejemplo, el título Montgomery Ward estaba a 83 dólares en la apertura, 50 a mediodía, y acabó en 74 al cierre. Dos títulos registraron su nivel más alto del año, mientras que 441 alcanzaron su nivel más bajo. El volumen negociado llegó a un récord de 12,9 millones de acciones en un día (siendo el volumen normal de 2-3 millones), cuando el récord anterior era sólo de 8,3 millones. Las teleimpresoras tenían de plazo hasta una hora y media de retraso sobre los precios, de forma que los vendedores, presa del pánico, no sabían a qué precio se habían vendido sus acciones. Una multitud acudió a la Bolsa de Nueva York tras el crash. Muchos inversores que habían pedido préstamos para especular se vieron obligados a liquidar sus posiciones (llamadas de margen) a partir del día siguiente. Los precios se mantuvieron estables el Viernes 25 (Dow Jones: 301,22 puntos) y el Sábado 26 (antes de la guerra había un período de media sesión los sábados).

Multitud en la Bolsa de Nueva York
Multitud intentando entrar a la Bolsa de Nueva York

El ciclo se embaló el Lunes 28, que sería recordado como «Lunes Negro», cuando se negociaron 9,25 millones de acciones. Los bancos no intervinieron, a diferencia de lo que habían hecho el Jueves anterior. El índice Dow Jones perdió un 13% (260,64 puntos), un registro que sólo sería batido posteriormente por el crash de Octubre de 1987. Algunos títulos fueron especialmente castigados: General Electric perdió 48 puntos, Eastman Kodak 42, AT&T y Westinghouse 34, y US Steel 18.

El 29 de Octubre, Martes Negro, el volumen negociado llegó a los 16,4 millones de acciones. Las teleimpresoras tenían un máximo de dos horas y media de retraso en los precios. El índice Dow Jones perdió otro 12% (230,07 puntos) y las ganancias de un año desaparecieron. John Kenneth Galbraith escribió que fue «uno de los días más devastadores en la historia de Nueva York, y tal vez en la historia de la Bolsa». Winston Churchill, que se encontraba en Nueva York, afirmó haber sido testigo del suicidio de un especulador que se había arrojado por la ventana. El hecho nunca fue confirmado, y es el origen de las leyendas que afirman que muchos especuladores se suicidaron. Las pérdidas fueron de 30 millardos de dólares, diez veces el presupuesto del Estado federal americano y más de lo que los Estados Unidos habían gastado durante la Primera Guerra Mundial.

Entre el 22 de Octubre y el 13 de Noviembre, el índice Dow Jones pasó de 326,51 puntos a 198,69 (-39%), lo que correspondía a una pérdida de 30 millardos de dólares.

DESPUÉS DEL CRASH

En un efecto dominó, el conjunto de la Bolsa se derrumbó, y la caída desde 1930 a 1932 fue superior a la del año 1929. El 8 de Julio de 1932, el Dow Jones cayó a 41,22 puntos, su nivel más bajo desde su creación en 1896.

Entre las caídas más espectaculares, cabe destacar a Goldman Sachs, que pasó de 104 dólares en 1929 a 1,75 en 1932, American Founders Group (sociedad de inversión) de 75 a 0,75, US Steel de 262 dólares a 22, General Motors de 1075 a 40, y General Electric de 1612 a 154 dólares. El Dow Jones perdió en ese intervalo el 89% de su valor. El valor virtual de todos los títulos tuvo unas pérdidas totales de 72 millardos de dólares.

Entre los famosos que más perdieron con el crash estaban: JP Morgan Jr., que perdió entre 20 y 60 millones de dólares, la familia Vanderbilt con 40 millones, la familia Rockefeller que vio evaporarse alrededor del 80% de sus activos, Eddie Cantor con 2 millones en pérdidas, Winston Churchill 500000 y Groucho Marx 240000 dólares.

La pérdida de confianza debida al crash bursátil afectó al consumo y la inversión en los meses siguientes. Los inversores que habían especulado con préstamos no podían pagar, provocando que los bancos limitaran los créditos. Las grandes empresas experimentaban cada vez más dificultades de liquidez. Cuando se producía una quiebra, aumentaba la fragilidad de los bancos. El pánico cundió entre los inversores, que también se apresuraron a retirar su dinero de los bancos. Sin mecanismos de estabilización, los bancos más débiles se vieron devastados por la pérdida de fondos, provocando su quiebra, por lo que el crash se convirtió en una crisis bancaria a partir de 1930.

Los créditos se congelaban, y el consumo, la inversión y la producción seguían disminuyendo, a la par que el desempleo explotaba (de 1,5 millones a 15 millones de parados en 1933). La crisis bancaria se convirtió en crisis económica en 1931.

Las medidas proteccionistas tales como la Ley Arancelaria Smoot-Hawley de 1930, promovieron la propagación de la crisis a todas las economías occidentales a partir de 1931.

Un intento de recuperación de la economía de Estados Unidos se inició con el New Deal (Nuevo Acuerdo) y, en particular, con la Ley de Recuperación Industrial Nacional de 1933, pero se produjo una recaída en 1937. Sólo la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial a finales de 1941 hizo que el país empezara a recuperarse de manera sostenible gracias a la economía de guerra.

Los índices bursátiles no volvieron a valores comparables a los anteriores al crash de 1929 hasta veinticinco años más tarde (el pico del 3 de Septiembre de 1929 se superó el 23 de Noviembre de 1954).

Fuente: http://www.crashbolsa.com/crash_de_1929

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