“Mi madre dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes cuál te va a tocar”.

Con esa ingeniosa frase comienza una de las películas que más repercusión tuvieron en los años noventa; una cinta de culto para todos los cinéfilos que gustan del género drama.

Leí una carta firmada por Isabel y dirigida a Forrest Gump, el personaje de la novela homónima de Winston Groom (1986), que fue retratado en la pantalla grande, como niño por Michael Humphreys y como adulto por Tom Hanks (quien ganó un Oscar por su interpretación).

Para quien no conozca la historia, Forrest carece de padre y es distinto a los demás porque tiene un coeficiente intelectual de 75 –algo más bajo que la media– y por eso es considerado ‘anormal’, y criticado por sus compañeros del colegio, lo que le hace difícil tener amigos. Con más edad, Forrest enfrenta otros problemas: en la universidad, debido al primer desamor y al enrolarse en el Ejército.

Aquí un extracto de la carta de Isabel:

“Mi querido Forrest, te escribo para que tranquilices a esta inteligencia mía llamada normal, que se ha puesto en pie de guerra y se ha dado cuenta que lo de anormal, en realidad sólo es…¡diferente!

¿Cómo haces para obtener lo que te propones y hasta lo que no te propones? La mayoría terminamos nuestros días sin alcanzar nuestros sueños. Hay quienes logran algunos y rezan para que no se hagan realidad sus peores pesadillas. ¿Por qué te elevas entre el resto de los mortales y tocas aquello que deseas, aparentemente con el menor de los esfuerzos?

¿Será por tu bondad y buen corazón, por actuar en beneficio de los demás, disfrutando el ‘aquí y ahora’, y por ocuparte de ser tu mejor versión para ti y para el mundo?  Aunque me parece que hay cosas más importantes que tu obsesión por ser una persona honesta; cosas como tener un buen trabajo, una buena casa, un coche envidiable, reconocimiento social…

¿Será que tienes a Dios de tu parte por tu capacidad de AMAR –en mayúsculas– a todo y a todos sin excepción? Dijiste ‘No soy muy listo, pero sé lo que es el Amor’. No sé qué clase de Amor es el que conoces. ¿Te refieres al que sentías por tu amigo Bubba, por el cual arriesgaste tu vida para sacarlo de la zona de combate en la guerra en la que eran compañeros? ¿O el amor que sientes por Jenny Curran, de la que llevas toda la vida enamorado y que no te hace ni pizca de caso? ¿Eso es lo que llamas Amor? Si no fueras ‘cortito’ te explicaría lo que es el amor entre los normales, de los que tienes tanto que aprender.

Tienes que pensar primero en ti. ¿De qué te sirve salvar la vida a un compañero de batalla? ¿Cómo nos iría en este mundo gobernado por ‘inteligentes’, si nos dedicáramos a ir salvando vidas y a atender el sufrimiento de los demás?

¡Olvídate de Jenny! Si no consigues que ella te dé en cada momento todo lo que necesitas, que esté disponible para ti las veinticuatro horas del día y que se dedique a ti en cuerpo y alma… ¡olvídala! Me cuesta creer que con tanta gente especial, Dios te elija a ti para premiarte. ¿Por qué a ti y no a mí?

Dime Forrest, ¿quiénes son tus líderes, tus maestros, tus guías? No me digas que te dejas llevar por tu instinto y por la solidez de tus valores para buscar tu propio camino. Todos necesitamos seguir a alguien ‘exitoso’, aun a riesgo de perder nuestra esencia.

Y necesito saber si puedes estar sólo contigo mismo y qué es lo que te sustenta cuando todo desaparece.

¿Cómo podemos entender los normales que conquistes el mundo con tus valores, tu perseverancia para buscar tu camino y tu buen corazón, y cómo consigues más que la mayoría?

Dios te creó diferente; te conoces, te aceptas así y has llegado hasta el infinito. Tienes la capacidad de ver el lado bueno de las cosas y de contagiar tu optimismo; siempre tienes una amplia sonrisa, te veo feliz. Pareciera que los normales tenemos más límites que tú.

¿Qué estamos haciendo con nuestra vida los que tenemos ‘plenitud de facultades’? ¿Cómo, por qué y con qué derecho estamos saboteando la creación divina al no permitirnos ser?»

Forrest Gump y su envidiable inteligencia.

Cuando una puerta está cerrada, hay que buscar una o más que se puedan abrir. Eso hizo la mamá de Forrest.

A pesar de que él fue etiquetado como retrasado mental, ella no se dio por vencida y le ofreció un amplio abanico de capacidades esenciales para la vida, como la empatía, el autocontrol, la dedicación, la integridad, la habilidad para comunicar y la destreza para iniciar y aceptar cambios; aptitudes que forman parte de la Inteligencia Emocional. Además, él desarrolló una extraordinaria inteligencia kinestésica-corporal con la que llegó a ser un excelente corredor –lo cual le valió para salvar su vida– y un gran jugador de ping pong; y la conjugó con la inteligencia interpersonal que lo llevó a ser fiel a sus convicciones: la amistad, el amor y la lealtad.

En las instituciones educativas y militares, Forrest resolvió problemas de manera diferente y salió airoso por caminos no tradicionales, haciendo uso de todas sus habilidades, con lo que logró mejorar sus condiciones de vida y de las personas a su alrededor. ¿Se trata de una persona ingenua o inteligente?

Forrest visualizaba los retos como una oportunidad de logro y realización, lo cual lo enriquecía y favorecía su desempeño en la sociedad.

Es cierto que Forrest Gump era alguien ‘anormal’, pero en sentido inverso a lo que todos consideraban; no por su insuficiente IQ, sino por su elevado desarrollo de inteligencias múltiples, que son las rectoras en el manejo de las emociones y hacen de la persona un ser integral, autónomo, útil a la sociedad y feliz.