Busco información sobre el duelo y me encuentro con la historia de las ocas grises. Estas aves vuelan en pareja toda la vida. Cuando una de ellas desaparece, la que se queda busca al que se ha ido en los lugares que frecuentaron juntos. La oca, inquieta, vuela día y noche y recorre grandes distancias, yendo a los lugares que le resultan familiares y en los que cree que podría hallarse su compañero. Mientras dura ese penoso viaje, lanza su llamada. Vuelve aquí. Vuelve conmigo. El animal vuela cada vez más lejos, cada vez más cansado. En ocasiones, se pierde y desaparece.

Pienso en la oca y en la idea general de que debemos volar solos. Que no hemos de necesitar a nadie para alcanzar la felicidad. Y es la pura verdad. Es un error buscar en otros lo que no está dentro de nosotros mismos. La calma. El afecto. El amor.

Y sin embargo…. La idea es que no debemos buscar a nadie que nos complete porque lo llevamos todo dentro. De serie. Y sin embargo… La idea es que si, a pesar de todo, nos empeñamos en salir a la calle a ver qué encontramos, no hemos de buscar la mitad de una naranja sino la de un limón, amargo como la vida, porque así nos llevaremos menos chascos. Y sin embargo…

Y sin embargo, nos pasamos la vida creyendo que hemos encontrado oro cuando estamos frente a la persona equivocada. No es solo culpa nuestra. Desde que nacemos somos víctimas de los estímulos que al crecer nos hacen vivir el amor de la forma equivocada. «Quien bien te quiere te hará llorar», nos dicen los refranes. Sin ti no soy nada, cantan los grupos de éxito. De las películas, mejor no hablar. Princesas Disney cortadas por el mismo patrón, que lo dejan todo por un amor que les trae dificultades.

Nadie nos habla de que cuando nos enamoramos reproducimos el comportamiento que hombres y mujeres han desarrollado durante años y que no buscaba la felicidad, sino la supervivencia de la especie. Los hombres se enamoran antes, dicen muchos estudios, porque evalúan en una primera mirada si la mujer que tienen enfrente podrá darles hijos. Las mujeres tardan más porque necesitan comprobar que su pareja podrá cuidar de ella. Ellos nos miran las caderas. Nosotras tratamos de adivinar qué se esconde en el centro de su pecho. Así, desde que los humanos buscaban refugio en las cavernas. Y sin embargo. Cuando emprendemos el vuelo, ese en el que sabemos que lo mejor sería que volar solos, queremos encontrar esa oca gris.

Fuente: http://www.mujerhoy.com/psico-sexo/pareja/volar-solos-carmen-amoraga-903710082015.html