Como agua entre los dedos, así se nos van los días, los años…y los números de la Revista Mira que con éste llega a su centésima edición.

Cien números de una publicación son una hazaña y más cuando se ha logrado mantener su espíritu cristiano de transmisión de valores, comunicación de calidad, pensamiento y reflexión, sano entretenimiento y servicio para la familia Miraflores y para la sociedad mexicana en su conjunto. Por ello, damos gracias a Dios y a la Santísima Virgen, y desde estas líneas felicito a quienes han hecho y hacen posible este sueño.

Y sí: los días, los años, los números…el tiempo vuela;  casi sin darnos cuenta estamos próximos al fin de 2015, a los exámenes, las vacaciones y la intensa temporada de fiestas. Es, por lo tanto, tiempo de prepararnos para que este fin de año sea el mejor de todos.

Una buena manera es entender que los exámenes no son un problema, una amenaza o una pesadilla, sino la oportunidad de conocer y evaluar lo que hemos aprendido y lo que nos falta por aprender. Es ocasión de demostrar, en primer lugar a nosotros mismos, lo que somos capaces y cuáles son nuestras aptitudes y habilidades; como toda oportunidad, son un reto y hay que enfrentarlo de la mejor manera.

Aunque cada examen es diferente, hay pautas generales que nos ayudan a prepararlos. Por ejemplo: ser ordenados; preguntar todas las dudas; organizar nuestro tiempo; entender la materia para recordarla mejor; tener equilibrio entre estudiar, descansar y despejar la mente; concentrarnos en lo que hacemos; comer y dormir bien, y en el momento de la verdad, mantener la calma y confiar en nosotros mismos.

En el colegio, los maestros y las religiosas igualmente nos preparamos para los exámenes, pues ellos también representan una prueba para nosotros. Cada clase es una evaluación y la temporada de exámenes es un desafío para quien enseña, por eso tenemos que estar muy bien preparados, siempre actualizados y conscientes de la trascendencia de nuestra actuación.

Pero el fin de año no son sólo los exámenes. Para esta temporada de intensa convivencia familiar, laboral y social, también hay que prepararnos. Creo que a diferencia de la amplia preparación de los exámenes, aquí basta con que pongamos atención en un solo tema: el perdón.

Durante su reciente viaje a América, el Papa Francisco pidió “cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús”. No a la crítica, sí al servicio; no al rencor, sí al perdón. “Dios me perdona; siempre me perdona, pero quiere que yo perdone a los demás”, dijo Su Santidad. En el perdón –explicó– se encierran tanto la exquisita delicadeza del amor como la fuerza de la sabiduría.

En cierto sentido, las celebraciones de fin de año también son un examen y son útiles para evaluarnos a nosotros mismos: quiénes somos y quiénes queremos ser. Y en el camino entre uno y otro punto, siempre se encuentra la doble bendición del perdón, que bendice a quien lo da y a quien lo recibe.

“Tolérense unos a otros y perdónense

si alguno tiene queja contra otro.

Así como el Señor los perdonó,

perdonen también ustedes”.

Colosenses 3, 13.

 

«Para ser feliz poco se necesita: una comidita modesta y la conciencia limpia.» Madre Trinidad Carrera