Los líderes más efectivos tienen un alto grado de inteligencia emocional. Eso no quiere decir que el coeficiente intelectual y las habilidades técnicas sean irrelevantes, pero son requisitos para puestos ejecutivos. Un líder necesita algo más.

Se puede tener la mejor preparación del mundo, una mente analítica e incisiva, una interminable dotación de grandes ideas y aun así, no ser un líder. La inteligencia emocional es indispensable para ejercer un liderazgo efectivo.

Existen diferentes definiciones de inteligencia emocional, pero la que mejor resume lo que significa, es la siguiente:

Habilidad para percibir y controlar acertadamente tus emociones y las de los demás, así como para leer las señales que envían dichas emociones acerca de las relaciones.

Hay cinco aspectos de la inteligencia emocional que te permiten conectar y entender tu propio estado mental y el de los demás:

  • Autoconciencia
  • Autocontrol
  • Motivación (pasión por el trabajo que va más allá del dinero y la ambición)
  • Empatía
  • Habilidades sociales (manejo de relaciones y construcción de redes)

Poseer algunas de estas cualidades, pero carecer de otras, puede tener efectos desastrosos en el liderazgo. El escándalo suscitado por los devaneos extramaritales del presidente Bill Clinton, por citar un caso, muestra lo que puede pasarle a un líder que posee una sorprendente empatía, pero poco autocontrol.

Las emociones contaminan la toma de decisiones:

Nuestro “yo racional” y nuestro “yo emocional” están irremediablemente unidos. De ahí que el razonamiento emocional pueda llegar a ser tan determinante como el nivel de inteligencia.

Por ejemplo, las personas enojadas tienden a tomar atajos en su razonamiento, así como decisiones por “dedazo”, haciendo a un lado el razonamiento sistemático. También son rápidas para culpar de los problemas a los individuos en vez de analizar los aspectos de una situación.

Será por eso que existe una fuerte conexión entre el estado emocional de un director y el éxito financiero de su empresa.

Las emociones son altamente contagiosas:

Los humanos, al igual que otras especies, utilizamos señales para coordinarnos con los demás: gestos, expresiones, tono… Esas señales provocan cambios en quienes las reciben. Si al interactuar te muestras genuinamente contento y entusiasta, la otra persona terminará sintiéndose más contenta y entusiasta de lo que estaba antes de estar contigo.

La inteligencia emocional se refleja  en tu actitud:

Las personas positivas y energéticas suelen ser exitosas. Hablan más, pero también escuchan más. Pasan una mayor cantidad de tiempo cara a cara. Leen las señales que emiten inconscientemente los demás y los llevan a salir de sí mismos y a ser más extrovertidos. No es sólo lo que proyectan lo que las hace carismáticas, es lo que provocan.

Mientras más personas energéticas, positivas y entusiastas haya en un equipo de trabajo, mejor será el desempeño del grupo. Y dado que las emociones se contagian, la actitud de un líder influirá en la de los miembros de su equipo, lo cual es determinante para alcanzar las metas.

Una buena actitud es el reflejo de una mente sana, que sabe mantener el control sobre las emociones propias y ajenas. De ahí que la inteligencia emocional sea tan importante para ejercer un liderazgo efectivo.

10 Hábitos De La Gente Con Alta Inteligencia Emocional