Sí, lo admito sin pena: hasta hoy no había puesto un pie en el multifotografiado museo.

Conocí parte de su colección en Plaza Loreto y, ante la gran oferta de exposiciones temporales en nuestra ciudad, dejé al Museo Soumaya y su colección permanente para otro momento: éste.

Estar abierto los lunes, cuando la mayoría de los museos cierra, es un gran punto a su favor. También abona a su popularidad el renombre de los muchos artistas presentes en su colección (Renoir, Degas, van Gogh, Orozco, Rivera y Siqueiros, por mencionar sólo algunos). Y por si fuera poco, ¡es gratis! Se antoja difícil ponerle “peros” a tantas bondades.

Sin embargo, el contenedor (edificio) me resultó muy superior a su contenido (obra exhibida). Los nombres de los artistas apantallan más que sus obras. Pese a que el número de cuadros y objetos exhibidos no es tan grande, al estar tan cercanos unos de otros  con escasa información sobre su contexto y en un orden difícil de comprender,‒ la experiencia se torna encrucijada más que recorrido.

El lugar más visitado es la gliptoteca, ‒es decir, el espacio dedicado a la exhibición de esculturas‒ que se encuentra en el piso más alto del museo, al que sólo se accede por la ya famosa rampa circular que conecta todos los niveles del edificio. La cantidad de piezas es enorme, sólo superada por el impacto de verse rodeada de ellas y sin saber por dónde empezar, expuestas como mercancías de una tienda y no articuladas por una idea o concepto. Sobresalen por su tamaño las piezas más icónicas de Rodin y las indudablemente surrealistas de Dalí. Aunque algunas tallas y bronces, poderosos pero pequeños, pasan desapercibidos, el público parece feliz de perderse en este bosque de cuerpos, rostros y manos.

Si bien para el mundo del arte esta colección no es tan destacada, el público piensa lo contrario, como refleja el libro de comentarios disponible a la salida: “Gracias Sr. Slim”, lo cual se repite varias veces. “Éstas son sus verdaderas riquezas”, se lee en otro.

Tal vez no se convierta en tu museo favorito; sin embargo, el Soumaya ofrece una visita interesante: un panorama general del arte hasta el siglo XX, con obras de importantes protagonistas y un llamativo edificio.

¡Ah! Y por si fuera poco, abre todos los días y es gratis.

El nombre de esta sección, Metaxú, es un término griego que significa «mientras, en medio de o entre tanto»; un lugar a mitad de camino. Es un momento: mientras tanto. Es una persona: intermediario; lo próximo, lo adjunto. Simone Weil lo define como un muro que a la vez que separa, comunica. Para Black Eyed Peas es el lugar del encuentro (meet me half way, right at the border line, is where I want to wait, for you). Para mí significa buscar un punto medio: entre el lenguaje académico y el coloquial, entre la edad del lector y la mía, entre el inicio y el fin. Las exposiciones que invito a ver suceden entre una entrega y otra.