Si un niño cae al agua, aunque sea rescatado de inmediato… ¡no bajen la guardia!

Entre 15 minutos y 72 horas después existe riesgo de ahogamiento secundario, una lesión pulmonar similar a la del ahogamiento que puede ser mortal si no se trata a tiempo. Dicha lesión se puede producir cuando el pequeño queda inconsciente bajo el agua, y aunque se reanime y expulse la mayoría del líquido que traga, “algo queda y permanece” dando lugar al posterior problema respiratorio.

SÍNTOMAS

La mejor forma de prevenir un ahogamiento secundario es estar muy alerta a las señales que se presenten.

Tras el susto, los padres deben permanecer tranquilos, pero es imprescindible observar al menor y ante el más mínimo síntoma, trasladarlo a un centro médico para que sea examinado.

Los síntomas más frecuentes son: dificultad para respirar, tos intensa e intermitente, cansancio y decaimiento inu- sual, vómito, piel fría y pálida, y comportamientos extraños, como dificultad para hablar o pérdida de memoria.

CÓMO PREVENIR

Se aconseja extremar precauciones:

  • Asegurarse de que la alberca cuenta con medidas de seguridad para que los pequeños no puedan acceder con libertad. Lo más conveniente es el cercado perimetral de al menos 1,2 metros de altura, que no sea posible escalar.
  • Observar a los niños en todo momento cuando estén en el agua o cerca de ella. El ahogamiento puede producirse en tan solo unos minutos y un bebé puede ahogarse en 30 centímetros de profundidad.
  • Recordar que los padres son los responsables de vigilar al pequeño. No dejar esta labor a nadie más.
  • Respetar las señales de las banderas en la playa y extremar precauciones con los menores.

Se considera que el ahogamiento secundario es la segunda causa más frecuente de muerte accidental en niños, tras los accidentes automovilísticos.

Entre el 40 y el 50% de los casos se trata de niños de meses a 4 años, siendo más común en niños de 1 y 2 años de edad.