Cuando tenemos hijos preadolescentes, en la edad de la punzada o universitarios, comenzamos a preguntarnos sobre nuestra existencia como progenitores, puesto que nos enfrentamos a riñas gratis y además nos dejan de tomar en serio porque suponen que somos anticuados y no los comprendemos. Los jóvenes, como es normal, hacen su vida aparte. Aunque ¡ojalá! respeten horarios, ya van y vienen a su antojo por compromisos universitarios, porque algunos comienzan a trabajar o porque tienen clases y estudian con los amigos. Por la razón que sea, pero los vemos menos tiempo; lo cual podemos aprovechar o hundirnos en la banalidad y/o en la amargura total.

Por ello es importante actuar en lugar de mirar cómo se nos va la vida entre las manos. Tomar acción para: 1. No descuidar a la familia 2. No descuidarnos a nosotros mismos. Es una etapa en la que la vida de todo ser humano da un giro importante, como cuando hay cualquier eventualidad fuera de lo convencional: un embarazo, una muerte, el primer día de colegio, etcétera.

¿Cómo actuar? ¿Qué hacer por uno mismo? Porque es importante aclarar que si yo no estoy bien conmigo, no puedo estar bien con nadie y lo voy a reflejar: seré la bruja/ogro del siglo XXI.

El estudio es un gran escape que a diferencia de ir de compras o a eventos sociales sin parar, nos enriquece permanentemente, algo que el shopping sí hace, pero solo por un ratito, no para siempre. Estudiar y leer nos llevan a crecer como personas y a la vez -vean qué generoso es el estudio- ennoblece a los que nos rodean.

Por ello (y más relevante aún), un posgrado nos permitirá tener un mejor sueldo, trabajar en el medio académico, político, empresarial y social, y sobre todo, no descuidar a nuestros hijos que nos han “desconocido”. Pero no cualquier posgrado, sino el de Ciencias Humanas que tanto ha gustado actualmente y ha beneficiado a muchos.

En la Universidad Anáhuac pensamos en todos los integrantes de la familia, por eso ofrecemos dicha maestría para que los estudiantes comprendan la existencia humana y puedan generar modelos de docencia, análisis y desarrollo que les brinden herramientas para desempeñarse en el campo que decidan. ¿Cómo? Promoviendo la búsqueda de la verdad y del bien sobre la persona, incentivando el cuestionamiento personal mediante la generación de argumentos verdaderos que les permitan dialogar con sus hijos y aplicando los conocimientos en la vida personal, familiar y social.

Y nuevamente en relación con el problema que nos genera la pubertad e indiferencia de los hijos, una maestría como Ciencias Humanas nos ayuda a encontrar un sentido a nuestra vida y descubrir en qué trascender para no quedarnos amargados ante la inevitable realidad de la mediana edad.

En ocho trimestres flexibles podemos aprender filosofía y fundamentos de la educación y el aprendizaje, para comprender y ejecutar con amor el diálogo hacia nuestros hijos. Una vez por semana se complementa lo anterior con teología, historia, cultura y sociología, lo cual nos brindará un panorama más amplio para relacionarnos mejor con el mundo que nos rodea.

Al adquirir fundamentos de ética, sexualidad y amor humano, además de bioética, lograremos encaminar mejor a los jóvenes por un sendero que los lleve a encontrar la verdadera felicidad y a sentirse libres con autoestima; autoestima que nosotros también obtendremos al tener más oportunidades y poder trabajar como docentes, como especialistas en medios de comunicación, y lo más importante es que podremos enfrentar la dura realidad que todo padre de familia desafía para encontrar la propia realización después de los hijos.

Alejandra Diener es Coordinadora Académica de la Maestría en Ciencias Humanas de la Universidad Anáhuac.

alejandra.diener@anahuac.mx

 

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