Durante décadas, la medicina occidental consintió el uso indiscriminado de antibióticos, y hay reportes de la Organización Mundial de la Salud que advierten el surgimiento de enfermedades resistentes a ellos.

Durante décadas, la medicina occidental consintió el uso indiscriminado de antibióticos, y hay reportes de la Organización Mundial de la Salud que advierten el surgimiento de enfermedades resistentes a ellos. Indudablemente, se trata de un problema global. La OMS afirma que enfermedades como la tuberculosis, influenza, malaria, escherichia coli y el estafilococo dorado presentan variaciones resistentes a antibióticos y antivirales en niveles difíciles de ignorar. En 2012, por ejemplo, se registraron 450,000 casos de tuberculosis multirresistente en 92 países.

El estudio Review on Antimicrobial Resistance, ordenado en 2014 por el Primer Ministro británico David Cameron, asegura que de no implementar controles para 2050, veríamos diez millones de muertes anuales, más que las debidas al cáncer y a los accidentes viales juntos. Esto equivaldría a una carga de 100.2 trillones de dólares al PIB mundial.

En América Latina tenemos una de las mayores resistencias en neumococos a las penicilinas.

En México también se han cuantificado  niveles considerables de resistencia bacteriana y es que antes de que la Secretaría de Salud emitiera la restricción en la venta de medicamentos en 2010, el 50% de los antibióticos se vendía sin receta. Fue cuando la influenza AH1N1 obligó a las autoridades a tomar acción contra la autoprescripción.

Ahora hay más control, al menos en farmacias y  expendios formales. Sin embargo, la automedicación prevalece –sobre todo en casos de resfriado común y diarrea– y los pacientes toman medicamento que les fue recetado con anterioridad.

Algunos médicos sostienen que el 93% de los padecimientos en vías respiratorias deben tratarse con líquidos y medicamentos que subsanen las molestias, como antihistamínicos y antiinflamatorios, y el antibiótico sólo se precisa cuando una bacteria se suma al virus, pero muchos pacientes los presionan para que prescriban un antimicrobiano porque “para eso pagaron consulta” y creen que se curarán más rápido que a través de su sistema inmunológico.

Otra creencia errónea, en algunos sectores, es la de tomar más de un antibiótico o recurrir a uno más fuerte por “haberse vuelto resistentes”, pero realmente la resistencia es desarrollada por los patógenos ante una exposición previa e innecesaria a medicamentos.

Un motivo más de resistencia es la interrupción del tratamiento por parte de los pacientes.

 

¿Cómo se genera la resistencia a los antibióticos?

La OMS reconoce que la resistencia es un proceso evolutivo natural, pero la mala aplicación de fármacos puede acelerarla. Hay que añadir que en las últimas décadas pocos antibióticos nuevos han llegado al mercado internacional, algo apremiante para los países en desarrollo donde los niveles de resistencia son mayores.

El CDC (Centro para el Control y Prevención de Enfermedades) de Atlanta advierte que cada año hay más de 2 millones 49 mil 442 casos de enfermedades resistentes, de los que 23 mil mueren.

El Instituto Nacional de Salud Pública en México asegura que la resistencia es tan apremiante como la malaria, tuberculosis, cáncer o SIDA.

 

La resistencia desde el sector pecuario.

El Dr.Ahumada Topete, infectólogo adscrito al Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias, comentó que parte del problema se genera por el uso irresponsable de medicamentos en la ganadería.

Los animales destinados al consumo pueden servir como criaderos de bacterias resistentes cuando se les suministran pequeñas dosis para prevenir enfermedades o como promotores de crecimiento a través de la comida. El verdadero problema no radica en que el humano consuma antibióticos a través de la carne del animal, aunque podría suceder al consumir alimentos que no cumplan con las normas que dicta la Ley Federal de Sanidad Animal. El riesgo yace en que un microorganismo dentro de un animal desarrolle resistencias, lo cual es un peligro potencial para los humanos si el animal se enferma y entra en contacto con una persona o lo hace a través de alimentos contaminados.

La reciente expansión del ébola en África que ha cobrado la vida de más de  9,253 personas, prueba que las enfermedades pueden salirse de control si no hay sistemas de monitoreo y suficiente cooperación interinstitucional para prevenir epidemias. Sólo un número limitado de naciones como Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Francia y los Estados Unidos han implementado programas bajo las recomendaciones de la OMS.

El Dr. Enrique Sánchez Cruz, director de la SENASICA, aseguró que se colabora con la OMS y otras instituciones internacionales para que los productos animales que se consumen y se exportan estén libres de contaminantes.

Normas como la NOM­064­ZOO­2000, NOM­051­ZOO­1995 y NOM­012­ZOO­1993 regulan la venta de antibióticos de uso veterinario, el transporte de animales y la elaboración de medicamentos de uso pecuario. El reto es que todos los productores cumplan con las normas, ya que el uso irresponsable está ligado a resistencia en bacterias como la escherichia coli y la salmonella.

 

Medicamentos de abuso común. Los antibióticos cuya efectividad ha disminuido por la aparición de resistencias son los   derivados de la penicilina y del grupo de los betalactámicos como la  amoxicilina y la ampicilina, utilizados para combatir padecimientos del tracto respiratorio, al igual que las cefalosporinas y tetraciclinas.

Otras bacterias han mostrado resistencia ante el grupo de las quinolonas –como el ciprofloxacino– y otros medicamentos combinados como el trimetoprim/sulfametoxazol.

A nivel hospitalario se han documentado resistencias a tratamientos con claritromicina y vancomicina, e inclusive otros como el metronidazol, empleado como desparasitante, puede generar resistencias, deteriorar la flora intestinal y causar otros padecimientos.

 

¿Cuál es la solución?

• Un buen número de expertos coinciden en que el mayor reto es la falta de información y llaman a implementar estrategias nacionales e internacionales de vigilancia –comunitaria y hospitalaria–, para evaluar la evolución de distintas enfermedades.

• La población no debe automedicarse o medicar a los animales sin una prescripción profesional.

• Nunca se debe interrumpir un tratamiento pues la infección puede generar resistencias.

• Los ganaderos y productores deben respetar las indicaciones y tiempo de retiro de todo medicamento, antes de suministrarlo a animales para consumo humano.

 

La salud pública es tema de interés comunitario que requiere de la cooperación de todos los sectores de la población, a fin de salvar tantas vidas humanas como sea posible.

 

Extracto del artículo de Ricardo Salas Rivacoba, ex alumno del Miraflores de México, publicado por Excélsior el 7 de abril de 2015.