¿Qué está pasando en Siria?

Tras soportar décadas de gobiernos autoritarios, los pueblos de varios países de Medio Oriente alzaron sus voces en protesta y derrocaron a sus líderes, en lo que se ha llamado la Primavera Árabe.

En Egipto y Túnez, las revueltas fueron rápidas y decisivas. En Libia, las protestas desataron una breve guerra civil que concluyó con la muerte de Mouammar Kadhafi.

Siria es otra historia. El padre del presidente Bashar al Asad gobernó el país durante treinta años, durante los cuales modernizó el país, pero a costa de una brutal represión. Bashar asumió el poder luego de su muerte en 2000 y al principio dio señales de ser un mandatario diferente. Pero a la primera señal de disidencia, restringió la libertad de expresión, cerró la economía y dejó en claro que la democracia no estaba en sus planes.

Tuvieron que pasar otros doce años de represión para que miles de personas salieran a las calles para exigir reformas, siguiendo el ejemplo de egipcios y tunecinos. La represión continuó y las protestas se multiplicaron. El ejército respondió disparando contra los manifestantes, cientos murieron y miles más fueron arrestados. La posibilidad de una resolución pacífica murió con los manifestantes.

Poco después, comenzaron a surgir grupos pequeños de rebeldes alzados en armas. Desde entonces, gobierno y rebeldes se hayan enfrascados en una guerra que ha cobrado más de 60 mil vidas en los primeros dos años de conflicto.

¿Cuáles son las raíces del conflicto?

Después de la Primera Guerra Mundial, los ingleses y franceses  fijaron las fronteras de Medio Oriente, agrupando a muchas etnias y religiones diferentes en los mismos territorios. La secta musulmana de los alawitas, ha tenido el poder en Siria desde la década de los 70, pese a representar apenas un doce por ciento de la población. Con el objetivo de mantener al país fuera de las manos de extremistas, los Asad favorecieron a su secta y aplastaron a todos los que los desafiaron.

¿Por qué ha durado tanto el conflicto?

Desde que empezó esta guerra se supo que sería larga, ya que los grupos rebeldes eran pocos, mal armados y desunidos. Lo único que tenían en común es un profundo odio a Asad. Mes tras mes, los grupos aumentaron en hombres y armamento, pero no ha sido suficiente para derrocar al gobierno, el cual recibe ayuda de Irán, Rusia y el grupo Hezbolá.

Muchos grupos rebeldes han abusado, asesinado y desplazado a civiles a nombre de la revolución. Sus atrocidades han hecho que muchos sirios se pregunten si el remedio es peor que la enfermedad.

¿Por qué no están haciendo nada los Estados Unidos, Europa y la ONU?

Principalmente porque Rusia y China han bloqueado cualquier acción contra Asad. Rusia y China tienen intereses en China y sus líderes piensan que la Primavera Árabe no ha traído seguridad y estabilidad a la región. Estados Unidos no quería intervenir porque no encontró un grupo que comparta su ideología. Pero después de comprobar que Asad usó armas químicas, la Casa Blanca anunció que entregará armamento a los rebeldes.

¿Qué pasará ahora?

Los expertos creen que Asad será derrotado. La pregunta es cuánto tiempo tomará. Aunque los principales grupos rebeldes han firmado una alianza, ésta se podría romper después de que derroquen a Asad. La lucha por el poder podría llevar a una nueva guerra civil e incluso a una división del país. El conflicto también podría expandirse a países como Turquía, Líbano e Irak, amenazando la frágil estabilidad de Medio Oriente.

Sin importar el resultado, quien asuma el poder en Siria heredará un país en ruinas, una economía destruida, una población dividida y el reto de cumplir las promesas de la Primavera Árabe.