21 de agosto de 1940. Ramón Mercader. León Trotsky. Coyoacán. Leonardo Padura. Un piolet. 75 años.

Lugares, fechas, nombres se entrelazan.

El 21 de agosto de 1940 Mercader descarga su piolet sobre el cráneo del revolucionario ruso ocasionándole la muerte. El lugar, su propia casa en Coyoacán. El motivo la traición.

Hechos reales son ambientados por Leonardo Padura en el libro “El hombre que amaba a los perros.” En casi 800 páginas el autor nos lleva por el tiempo para conocer la vida de estos 2 personajes. Su formación. Su trayectoria. Sus anhelos. Sus pérdidas e incluso sus sentimientos.

Padura atrapa la atención desde la primera página. La novela histórica logra llenar los vacíos de la vida de los personajes tan distintos en edad y en orígenes.

Uno nacido en Ucrania, otro en Barcelona. Revolucionarios los dos, uno organizó al Ejército Rojo durante la guerra civil, el otro participa en la guerra civil española. Ambos opositores: contra Stalin, contra Franco. Ambos idealistas, uno con su propia doctrina, el trotskismo; el otro policía secreto del estalinismo. Exiliados, en México el ruso, en la URSS el español. Traicionados y manipulados. Educados en el compromiso.

Víctimas y verdugos llegan al fin de su vida sin nada. Con un mismo destino. Con un sabor a nostalgia. Con la certeza de la complicidad del mundo para hacer atrocidades.

Hoy a 75 años de la muerte del revolucionario conviene visitar la Casa Museo de León Trotsky para saber más. O bien, conviene leer el libro El hombre que amaba a los perros. O bien, conviene hacer las dos cosas.

El orden no importa. Importa hacer honor a estos 2 hombres que la política les jugo una mala partida.

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