Donald Trump el xenofóbico y perverso personaje de la política norteamericana, descendiente de inmigrantes y precandidato del Partido Republicano a la Presidencia de Estados Unidos, presentó su plan de reforma migratoria que incluye confiscar remesas, negar la ciudadanía estadunidense a los hijos de indocumentados y dificultar el paso de mexicanos, incluidos los diplomáticos, a quienes podría negar visas,  promete iniciar la persecución de inmigrantes con toda violencia, al día siguiente de tomar posesión. En el portal de internet de su campaña, el fascista empresario de bienes raíces acusó a los “líderes de México que se han aprovechado de Estados Unidos al usar la migración ilegal para exportar la delincuencia y la pobreza”. Insistió en que se debe levantar un muro fronterizo y pasar la cuenta a México para que lo pague y, mientras no lo haga, la Unión Americana confiscará las remesas provenientes de ingresos ilegales y aumentará los costos de las visas a empresarios y diplomáticos mexicanos, a quienes incluso se las podría cancelar. El odio es el eje central de su campaña, y de triunfar en las elecciones, de aliados y socios comerciales, México pasaría a ser su principal enemigo y millones de inmigrantes indefensos de cualquier latitud y orígen, cuyo único pecado es dejar su hogar para intentar proporcionar un mejor nivel de vida a sus familias; sus víctimas. Así de infame su propuesta.

 

Todas las sociedades, sin excepción, alientan en su seno esos sentimientos oscuros, contra los que, a menudo, la cultura es ineficaz y a veces impotente. Ella los reduce, desde luego, y a menudo los sepulta en el inconsciente colectivo. Pero nunca llegan a desaparecer del todo y, sobre todo en los momentos de confusión y de crisis, suelen, enardecidos por demagogos políticos o fanáticos religiosos, aflorar a la superficie y producir los chivos expiatorios en los que grandes sectores, a veces incluso la mayoría de la población, se exonera a sí misma de sus responsabilidades y descarga toda la culpa de sus males en “el judío”, “el árabe”, “el negro” o “el mexicano”. Remover esa podredumbre de los bajos fondos irracionales es sumamente peligroso, pues el racismo es siempre fuente de violencias atroces y puede llegar a destruir la convivencia pacífica y socavar profundamente los derechos humanos, la democracia y la libertad.

 

Adolf Hitler comprendió el poder de los símbolos, la oratoria y la imagen, y formuló eslóganes para su partido político que eran simples, concretos y conmovedores para llegar a las masas, apelando a los deseos populares de orden después de un período de violentos disturbios civiles. Con la promesa de unificar a Alemania, dar empleo a los seis millones de ciudadanos desempleados de la nación y restaurar los “valores tradicionales alemanes”,  señalando al enemigo de todos los males de la nación a una minoría: los judíos, Hitler cosechó un apoyo popular masivo.

 

La propaganda nazi idolatraba a Hitler como un talentoso estadista que traería estabilidad, crearía puestos de trabajo y restauraría la grandeza de Alemania. La fe en Hitler fortaleció los lazos de unidad nacional, y el no acatamiento de esta ideología significaba disensión en una sociedad donde la crítica abierta al régimen y a sus líderes constituía un motivo de encarcelamiento.

 

Apareció un nuevo aparato de propaganda estatal liderado por Joseph Goebbels; cuya esencia radicaba en que “Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”; su función: hacer creer a todo ciudadano alemán que hacían lo correcto y para justificar los medios que empleaban para tan vil fin, idearon un trabajado proyecto de manipulación dirigido a obtener el favor de las masas. Lo consiguieron de forma notabilísima y la máxima del mismo era tan sencilla como adoctrinar al pueblo repitiendo constantemente dogmas y doctrinas, disfrazados, matizados, con otras palabras o contextos, pero todos dirigido a lo mismo.

 

Toda una serie de argumentos manipulados transformados en mentiras, que a base de ser repetidas, calaban en el inconsciente de una sociedad empobrecida como verdades absolutas, no había oposición ni crítica, por todos los medios y de todas las formas se escuchaba el mismo mensaje, por tanto, debería ser verdad. Esto, combinado con el uso del terror para intimidar a aquellos que no se sometían al régimen, buscaba manipular y engañar a la población alemana y al mundo exterior. A cada paso del camino, los propagandistas predicaban un atractivo mensaje de unidad nacional y un futuro utópico que tocaba una fibra sensible en millones de alemanes. Al mismo tiempo, iniciaban campañas que facilitaban la persecución de los judíos y de otros grupos que estaban excluidos de la visión nazi de la “Comunidad Nacional”.

 

El multimillonario Trump que inició este proceso electoral sin ninguna posibilidad de triunfo, utilizando la estrategia de Goebbels “Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”, actualmente encabeza las encuestas dentro de los Republicanos, aunque históricamente los que inician encabezando las primarias nunca han alcanzado la candidatura, al parecer tiene recursos ilimitados para su propaganda: 1.000 millones de dólares, si es necesario.

 

El voto latino representante del 12% del electorado lo ha perdido, pero eso no parece preocuparle, tampoco que México sea el tercer socio comercial de su país, ni que los intelectuales y académicos estén abiertamente en su contra. El magnate ha subido de forma considerable en las encuestas de intención de voto de los republicanos y los independientes afines a ellos.  Al enfocar su discurso con datos imprecisos y maquillados para lograr la descalificación y encono hacia un grupo minoritario, marginado y sin defensa alguna, ha  encontrado eco en millones de norteamericanos de clase baja y con poca educación, quienes han encontrado en los migrantes la causa de todos sus males y la justificación de su fracaso y frustración. Otro pre candidato considerado “serio” como Scott Walker para mantenerse en la carrera ha endurecido su discurso con relación a la inmigración: la enfermedad se propaga.

 

Omiten señalar que si los inmigrantes continúan a pesar de la terrible discriminación, humillación, peligro y persecución cruzando la frontera, es porque hay quienes los contratan con salarios denigrantes, además que gran número de ellos laboran en sectores estratégicos como el campo y si existe el tráfico de drogas es porque su país es el mayor consumidor del mundo y que si los carteles tienen tanto poder es porque su sistema financiero blanquea el dinero, además de adquirir sus armas en el país del Norte.

 

Sólo basta tomar un discurso de Hitler, al que al principio de su carrera política se le ridiculizaba por lo reaccionario, absurdo, violento he inverosímil de sus planteamientos y cambiar la palabra “judío” por “mexicano” y no observaremos ninguna distinción en el mensaje del mismo: odio, racismo, discriminación y xenofobia. Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada, el fascismo es brillante en unificar por medio del odio a las masas mediante la creación de un chivo expiatorio, entre más indefenso mejor, el terror radica que si llegará a triunfar la historia nos ha demostrado sus consecuencias. ¡Contra el fascismo ni un paso atrás!