“En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante. Y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”. Khalil Gibrán

En la mitología griega, la esperanza aparece en la historia de la Caja de Pandora. Prometeo robó el fuego de Zeus para dárselo a los hombres, lo que enfureció al dios supremo.

En venganza, Zeus creó un pythos (tipo de jarrón) que contenía todos los males y se lo dio al hermano de Prometeo que estaba con Pandora. Esta, creada por los dioses con una curiosidad innata, abrió la caja prohibida y todos los males fueron liberados al mundo. Solo permaneció en el fondo Elpis, el espíritu de la Esperanza.

Frente a la desesperanza, al temor por todos los acontecimientos, a un futuro oscuro, a nuestra fragilidad que palpamos a diario, a la impotencia con la que miramos el sufrimiento de los demás… ahí está la esperanza, ahora y siempre.

Las grandes crisis traen consigo nuevos principios. El final de algo significa el inicio de lo nuevo. Siempre es tiempo para recuperar la chispa de la vida, la ilusión, las ganas de desplegar las alas que se nos han dado, de volver a creer y a crear, de volvernos a enganchar al manantial imparable de bondades y bellezas que cuando tenemos la mirada limpia, somos capaces de reconocer. Pero cuando se nos pega el egoísmo y la tristeza, nos quedamos como ciegos, porque somos incapaces de ver.

Estamos invitados a vivir, no solo a soñar. Se nos llama a actuar, no solo a desear. A ser protagonistas, no solo espectadores.

La vida consiste en intentar cosas. Es tiempo de sonreír a los demás, de ceder el paso y regalar una palabra amable, de contagiar nuestro entusiasmo y nuestro amor por la vida, de mantener firme la esperanza que incita a la creación de los milagros, creyendo que lo bueno está siempre por venir.
Esperanza Azteca

Por tercera ocasión tuve la oportunidad de escuchar a una de las orquestas y uno de los coros de Esperanza Azteca, y como si fuera la primera vez, fui incapaz de contener mi emoción al escuchar la indiscutible calidad de su música y de sus voces, y ¡saber quiénes son!, disfrutar su grandeza y sencillez, ser receptora de su entusiasmo, así como de su deseo de dar y agradar…

Cada vez que los veo y los escucho me siento llena de esperanza; constato lo que un día dijo el expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, al asistir a la presentación de una de estas orquestas: “La diferencia no está en el reparto de talento, sino en el reparto de oportunidades”.

Esperanza Azteca inició en 2009 y hoy cuenta ya con dieciséis mil niñas, niños y jóvenes de escasos recursos, de entre 5 a 17 años de edad, quienes –bajo la dirección de 1280 maestros– integran ochenta orquestas sinfónicas y coros; 77 en el interior de la República Mexicana, dos en El Salvador y una en Estados Unidos.

Escuché algunos testimonios, como el de un niño originario de un sitio lejano, quien antes de formar parte de este proyecto no encontraba el sentido de su vida. Sin embargo, recibió como obsequio un instrumento y la oportunidad de aprender a tocarlo con seriedad, compromiso, esfuerzo, mucha disciplina y trabajo en equipo, y ahora está muy motivado.

Al igual que muchos otros niños, él camina casi dos horas de ida y otras tantas de regreso (hay quienes recorren distancias aún mayores) para practicar con la orquesta durante cuatro horas. Deben aspirar a ser los mejores y lo son.

Esperanza Azteca es un proyecto social impulsado por Ricardo Salinas Pliego y operado por Fundación Azteca. Es una obra maravillosa porque, como decía Kurt Cobain: “la música es el alimento del amor”, que toca las fibras sensibles y llena los vacíos insoportables.

Los frutos de Esperanza Azteca son tangibles. Los niños y jóvenes que integran las orquestas mejoran significativamente su autoestima y son inspiración para sus familiares y comunidades. Es una extraordinaria forma de fortalecer el tejido social.

Es esperanzador ver que existen maneras distintas a las convencionales de ayudar a los más desfavorecidos, de mejorar su vida y con ello, a nuestro país.

A pesar de todo lo que pueda ensombrecer el porvenir, hay mucho que podemos hacer para que nuestro entorno sea mejor.

“Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol”. Martin Luther King

Compartir