“Las plantas y los animales necesitan luz y aire, agua y alimento, para crecer y desarrollarse. Si estos les faltan, pierden color, frescura, energía y poco a poco, mueren. Los animales, además, necesitan crecer sin ataduras para llegar a ser lo que tienen que ser. Por ejemplo, si a un águila se le ata a un cordel, no puede volar y se queda a ras del suelo.
Con los hombres sucede lo mismo. Está en nuestra naturaleza el ser personas en toda la extensión de la palabra, lo cual implica contar con el nutrimento necesario para nuestro desarrollo físico, espiritual y mental.
La gran noticia es que nunca es tarde, porque no somos producto terminado nunca. Siempre es tiempo de retomar el camino”.
Dulce María Fernández.

A menudo sucede que los padres inscriben a sus hijos en todos los extraescolares posibles: danza, futbol, inglés, francés, piano, guitarra, dibujo… Pero muchas veces los niños no disfrutan de estas actividades porque las consideran obligaciones en vez de oportunidades para aprender algo nuevo. Por eso, muchos niños insisten hasta que consiguen dejar de asistir a algunas de esas clases.

Ese es el caso de Clemency Burton-Hill. Cuando era pequeña sus padres la apuntaron en clases de piano, pero ella las odiaba, así que hizo todo lo que pudo para dejar esa clase. No obstante, a sus treinta años se arrepintió porque quería aprender a tocar el piano. Entonces se dio cuenta de que la agilidad en los dedos y la capacidad para memorizar escalas y partituras no era la misma que cuando era niña.

Sin embargo, el actor y director británico Samuel West, que hace poco se compró un piano y ha comenzado a practicar todos los días, asegura que:“Como adulto, uno conoce mejor sus propios estados de ánimo, por lo que es mucho más fácil utilizar la música como una manera de expresarse”. Y añade:“Si toco una pequeña pieza, puedo escucharme a mí mismo y expresarme mejor. Eso es parte de la madurez y es una alegría”.

La pregunta es: ¿Se puede seguir aprendiendo una vez que se es adulto? Rotundamente, la respuesta es sí.

Tenemos la falsa idea de que las cosas solo pueden aprenderse durante la niñez, pero no es cierto. Si hay voluntad, constancia y persistencia, todo puede aprenderse. Clemency no acabará siendo una profesional del piano, pero eso no importa porque el simple hecho de que pueda acabar interpretando piezas que al principio le parecían realmente complicadas, ya es en sí mismo un logro.

Si lo que necesitamos para acabar de dar el paso es más motivación, un buen ejemplo de que las cosas se consiguen si se quiere es Bertie Gladwin, un hombre de 92 años que se graduó en la universidad hace tan solo dos:

“El hecho de que me graduara a los 90 años en Historia por la Universidad de
Buckingham, puede hacer pensar a la gente que he empezado tarde, pero a veces las cosas no tienen por qué suceder al momento, sino que pueden ser la culminación de un largo proceso.

Empecé mis estudios universitarios cuando tenía sesenta años porque abandoné el colegio a los catorce y hasta que me jubilé no tuve ninguna oportunidad para estudiar. No obstante, incluso años antes de empezar mis estudios universitarios, el insaciable deseo de aprender ya me acompañaba.

He acabado una carrera universitaria, pero también he aprendido muchísimas cosas de la vida, puesto que mis ojos han presenciado muchos sucesos”.

Obviamente, conseguir graduarse no fue fácil para Gladwin, ya que tuvo que sacrificar muchas horas y eso a veces repercutió en sus relaciones personales. Afortunadamente, al final todo salió bien.

“Cuando durante la graduación me preguntaron qué era lo que había querido conseguir»,prosigue Gladwin,“mi respuesta fue: ‘retrasar el inicio de la vejez, ¡si es que no es demasiado tarde!’. Los amigos más educados me respondieron que el estudio había resultado y que mi fe en ejercitar la mente estaba justificada. Además, una de las cosas que más me sorprendió fue que actualmente los antiguos y aburridos métodos de estudio se han transformado en materiales excitantes y entretenidos. Aun así, es un poco confuso cuando estás estudiando un suceso y te das cuenta de que tú lo viviste; sientes que te implicas de una forma más íntima, pero a la vez, tienes una visión más objetiva”.

El ejemplo de Gladwin no es todo. Recientes estudios demuestran que es altamente beneficioso para la memoria aprender un nuevo idioma a partir de los 50 años. Seguramente nos supondrá más esfuerzo, necesitaremos más tiempo, más práctica, más ayuda, pero con paciencia, ¡todo puede conseguirse!

Así que, ¿por qué no desenterrar aquellos hobbies que un día guardamos en un cajón con la etiqueta “soy demasiado mayor para aprenderlo” y poner manos a la obra? ¡Ya no hay excusas que valgan!––
Fuente: en Positivo

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