La imagen que encabeza este artículo es fuerte y no se trata de ningún fotomontaje. Muestra el contraste que se refleja día con día en la Valla de Melilla, que es el punto que separa a África de Europa.

Melilla es una ciudad autónoma española al norte de África que literalmente está amurallada para evitar el paso de inmigrantes africanos, así como el contrabando comercial.

En más de una ocasión es posible ver en los telediarios españoles imágenes estremecedoras de personas intentando cruzar la valla mientras son reprimidas de manera brutal por la Guardia Civil. En verdad deja a uno con la piel helada ver esto.
¿Qué tan indiferentes somos ante aquello que nos rodea mientras nosotros estemos bien?

¿Qué es lo que nos lleva a ser tan indiferentes ante lo que está a nuestro alrededor?

¿Será que no lo vemos o no lo queremos ver?

En la época de la información en la que vivimos, vemos y leemos tantas cosas que a veces cuesta centrarse en la información que nos debería indignar. No nos damos el tiempo para reflexionar sobre lo que observamos; todo lo que sobrepase los 140 caracteres o las dos líneas de un meme nos da pereza.

Y esto me lleva a pensar en lo que hemos vivido durante el 2014 en México, un año que quizá tampoco ha sido demasiado diferente de los últimos, y sin embargo, ese es el problema: llevamos tanto tiempo conviviendo con la violencia que se ha vuelto algo desgraciadamente “común”.

Como sociedad debemos estar informados, lo considero una obligación como ciudadano. Y es que interpretar el mundo puede llevar al deseo de transformarlo, así que entre más y mejor informados estemos, podremos realizar mejores acciones para cambiar.

En esta temporada en la que esperamos la llegada de un nuevo año, siempre formulamos deseos y hacemos propósitos. Yo les propongo uno: vacunémonos contra la apatía. Que nuestro propósito sea recuperar la capacidad de asombro e indignación para que podamos pasar a la acción.

En momentos como el que vive nuestro país, entre todos los problemas detecto uno en particular: confundimos la crisis de un sistema con la crisis del ser de una nación; lo queramos o no, México es nuestro espejo y en él nos reflejamos, y si hemos perdido la fe en él, es que también la hemos perdido en nosotros.

Así que ahora cambiaría la pregunta inicial por: ¿Eres indiferente o eres parte de la diferencia? Como diría Eduardo Galeano: “Al fin y al cabo somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

No se necesita ponerse una capa para salvar al mundo ni a nuestro país. De hecho, sí hay héroes, hay muchísimos, pero son anónimos; son todos aquellos que salvan al país sin que nos enteremos: todos los que no aceptan mordidas, los que denuncian actividades delictivas, los que educan bien a sus hijos, los que exigen sus derechos…

No importa tu edad o profesión. No importa tu título, sino lo que hagas con él. Hay que ocuparse de que aquello que hagamos consiga inspirar a los demás, para que juntos, mediante el ejemplo, logremos darle la vuelta a nuestros problemas.

Soy un convencido de que tenemos todo lo necesario para que nuestro país sea mejor. Mi deseo para 2015 es que lo hagamos a tiempo y no sean las consecuencias las que nos motiven.

Podemos empezar a tirar todas las vallas, tanto físicas como mentales, y poner a México en sintonía de paz.

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