El futbol no significa solo patear una pelota con destreza, también puede convertirse en una manera divertida de aprender importantes lecciones de vida, pues conlleva una serie de principios que ayudan a forjar el carácter si enseñamos a los niños a aplicarlos en su vida cotidiana:

  • Juega en equipo. 
Si bien hay tremendos exponentes individuales de la pelota, ni Pelé ni Maradona hubieran brillado sin un equipo que los respaldara. Dile a tu hijo que cualquier problema que tenga se puede resolver en familia, y que las alegrías también saben mejor en conjunto.
  • Toca la pelota.
 Se dice que “jugar fácil es muy difícil”. No hay cosa más aburrida que ver durante 90 minutos a un tipo en solitario queriendo llevarse la gloria; enséñale a compartir, ya sean juguetes, conocimientos o momentos.
  • Pide tu cambio. 
A veces se exageran mucho las faltas, pero hay una ley que dice: “Cuando el jugador no se mueve, es que verdaderamente está lesionado”. Explícale que no debe hacer más grandes los problemas de lo que son, y en caso de ser algo grave, que pida su cambio para no lastimarse más.
  • Pégale de lejos. 
El futbol es fácil y complejo a la vez, porque no se puede ganar solo, pero el jugador debe  tener confianza en su talento para disparar a gol. Dile a tu hijo que no se canse de intentarlo, llegará a la meta si no se rinde.
  • Para meter gol debes estar en la cancha. 
El gol lo conseguirán los jugadores que están en el campo, no aquel que abandonó al equipo. Explícale que puede llegar a donde él quiera, siempre y cuando recorra el camino necesario; si busca ser astronauta, estudiar para abogado no sería lo más práctico.
  • Para ser titular, debes entrenar. 
Entrenamiento diario, una y otra vez; solo la repetición hace al experto, pues el éxito depende de la constancia.
  • Falta en el área: penalti. 
Así juegue en la calle, el futbol tiene reglas y la vida también. Eso significa que sus actos tendrán consecuencias, algunas más caras que otras. Si no quiere enfrentar la sentencia de la pena máxima, es mejor que juegue siempre limpio.
  • Todas las figuras salieron de la banca. 
Si no hay apoyo moral en las situaciones difíciles, el equipo no es fuerte. La banca alienta a los compañeros y espera su momento para dar lo mejor. Coméntale que no será cuando él quiere, pero si espera su momento y lo aprovecha podrá convertirse en el mejor.
  • El rival es grande. 
Hay que saber ganar y perder. Reconocer el mérito del equipo rival es cosa de grandes. No se debe mostrar una actitud soberbia en la cara del vencido. Todos merecen respeto y si tiene la fortuna de destacar más que los otros, no hará falta alardear.

El técnico enseña, pero no juega. 
Casi el 99 por ciento de los entrenadores fueron futbolistas, saben de qué se trata este deporte y cuando se retiran del terreno de juego, se preparan para nuevas responsabilidades, pero ya no es su papel meter los goles. Esa es responsabilidad de los jugadores. A los padres nos cuesta trabajo entender que los hijos deben jugar sus propios partidos y cometer sus propios autogoles, pero siempre habrá un medio tiempo para explicar la estrategia y darles ánimo para remontar el marcador.
Como podemos ver, cuando los niños juegan futbol, lo peor que puede pasar es que el partido termine y ellos crezcan.
Fuente: Familias .com

Compartir

Deja un comentario