Dicen que un animal pequeño nunca se comió a uno grande. Sin embargo, admito que ese tipo de razonamientos lógicos no tienen cabida en mi mente cuando me topo con un ser de ocho patas, aunque sea tan minúsculo que cueste trabajo contárselas. Este tipo de encuentros me produce tal miedo que raya en fobia: un escalofrío me recorre de la cabeza a los pies, la adrenalina inunda mi cerebro y mis ojos se mueven hacia los cuatro puntos cardinales trazando posibles rutas de escape. Todo eso sin mover una sola pestaña y manteniendo el ritmo de mi respiración al mínimo nivel para no emitir ninguna señal que pueda provocar que el minimonstruo descubra mi presencia y se abalance sobre mi yugular.

La sensación de hormigueo que supongo que experimentaría mi piel al ser recorrida por el bicho rastrero me acompaña al menos durante los veinte minutos posteriores al trance, porque aun cuando mi chanclazo sea certero, sé que es posible que lleguen sus parientes al entierro. Peor todavía si logra escapar, pues seguro es que no pegue el ojo en toda la noche.

La incertidumbre del posible peligro que representan las arañas se reduciría notablemente si se pudiera eliminar el factor sorpresa que las caracteriza. ¿Saben?, creo que no les tendría tanto miedo si tan solo pudiera hablar con ellas:
Yo – ¡Hey! ¡Quiúbole! Esta regadera está ocupada.

Araña – ¡Ups! ¡Perdón!, no vi que había alguien.

Yo – ¿Todo bien?

Araña – Sí, no hay problema; solo voy a deslizarme hacia abajo para explorar la ducha.

Yo – Estás en tu legítimo derecho. Oye, tal vez gustes moverte un poco hacia la pared, ya que estás descendiendo justamente en dirección al chorro de la regadera y no quiero que te ahogues.

Araña – Gracias amiga, tendré cuidado.

Yo – Entonces… ¿puedo salirme ahora?

Araña – Sí, sí, ¡adelante! Disculpa, me moveré un poco para que puedas pasar.

Yo – Mil gracias, que tengas una linda noche. No entres en mi cuarto, ¿ok?

Araña – Naaa, ese es tu espacio. Aquí estoy bien. Que tengas dulces sueños.

Sí, definitivamente, el mundo sería un mejor lugar para vivir…

Compartir

Deja un comentario