Todos los días realizamos cientos de acciones de manera inconsciente y automática que se vuelven parte de nuestra rutina. La mente se vale de estos hábitos para ejecutar importantes procesos mentales y tareas. ¿Pero qué ocurre si algunos nos están afectando negativamente más de lo que creemos?

Una ciudad es el resultado de la suma de los hábitos positivos y negativos de sus habitantes. En el D.F., por ejemplo, antes se podía caminar en las calles sin ningún problema. Sin embargo, ahora existen dos limitantes: 1) La inseguridad, 2) El deterioro de las calles. En una calle promedio hay coches estacionados a reventar, “estorbos” para apartar lugares de estacionamiento y banquetas en mal estado.

Muchas de estas situaciones se deben a las elecciones que hacemos los propios ciudadanos, a través de las cuales decidimos cómo vivir. Puede que no se trate solo de buenos o malos gobiernos, sino de buenos o malos vecinos.

Andar en bicicleta, por ejemplo, es peligroso porque aun existe la cultura de que los autos tienen la preferencia en la vía pública. Una calle en la que pueden convivir autos, ciclistas y peatones habla bien de la sociedad. Hoy vivimos bajo la “ley del más fuerte”, en donde el auto hace lo quiere, el ciclista sobrevive y el peatón pasa cuando todos los demás ya lo hicieron.

La calle debe ser un espacio en el que todos puedan circular, sin distinción del medio de transporte que utilicen.

La basura es otro problema de orden público debido a los malos hábitos de una gran parte de la población. Supongo que la gente que la tira en la calle “piensa” que “alguien” la recogerá y no importa.

A medida que desechemos aquellos hábitos que se vuelven un lastre, podremos tener una mejor calidad de vida los habitantes de la ciudad. Si lo pensamos un poco, las ciudades que más nos gustan son aquellas en las que se puede caminar en óptimas condiciones. Hagamos un esfuerzo para que todos sumemos elementos a esta voluntad de humanizar el entorno.

Cuando cambiemos nuestra forma de pensar –y actuar– sobre aspectos tan vitales, podremos volver a caminar de día y de noche sin problema. Interesante que todo empiece con un cambio de mentalidad y por tanto, de hábitos.

Alejandro Robles Arias es exalumno del Colegio Miraflores.

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