Las mujeres estaban excluidas de la práctica deportiva en la antigua Grecia, de la misma manera que lo estaban de casi toda la vida pública. No les estaba permitido participar en los Juegos Olímpicos ni siquiera como espectadoras. Algunas mujeres de la nobleza obtuvieron una victoria en la modalidad de carreras de caballos, gracias a que en esa época eran proclamados campeones los propietarios de los equinos y no los jinetes.

Muy pocas mujeres tuvieron la posibilidad de presenciar los Juegos Olímpicos, ya que las normas lo prohibían estrictamente: “No hubo mujeres físicamente presentes ni como espectadoras ni en competición”. Kallymera (o Pherenike) figura en la historia como una madre perteneciente a una familia de atletas que se vistió como entrenador y acompañó a su hijo a la competencia:“Cuando vas por el camino de Scillus a Olimpia, hay después del cruce del río Alpeio, una montaña con un acantilado. Se llama el monte Typaeum, y según la ley de Elis, se arrojará por este precipicio a cualquier mujer que sea sorprendida presenciando los Juegos Olímpicos u ose estar a este lado del río Alpeio durante los días prohibidos a las mujeres (…) Entonces, a todos los entrenadores, para acceder al recinto se les solicitaba la prueba de desnudez. En un intento por llegar a la zona de entrenadores, una mujer disfrazada de hombre tuvo que enseñar sus partes y fue atrapada. Kallymera pensó que era una falsa leyenda y se jugó su muerte. Fue arrojada desde el acantilado del Monte Typaio por estar al otro lado del río Alpeio.”

En los juegos de la Hearia, exclusivamente femeninos, se organizaban carreras pedestres de diferentes distancias en el estadio de Olimpia, pero en fechas diferentes a los Juegos Olímpicos. A partir del segundo siglo d.C, en otros juegos Panhelénicos hubo competiciones destinadas exclusivamente a las mujeres.

En la época romana, el deporte femenino se popularizó gracias a la imposición de la gimnasia como parte de la educación de los estudiantes. Los romanos consideraban que un ejercicio liviano, como la carrera y los juegos de pelota, era saludable también para la mujer.

Hasta su muerte, el francés Pierre de Coubertin, padre de los Juegos Olímpicos de la era moderna, se opuso a la participación de las mujeres. Fue en París 1900 que las féminas (7 entre 1066) compitieron por primera vez en un acontecimiento olímpico. Sin embargo, su verdadera incursión fue en Amsterdam 1928, con cerca de 300 atletas femeninas (10 % del total). En Atenas 2004 participaron 4329 (40.7%) y en los últimos juegos de Londres 2012, el número de mujeres ascendió a 4850 (46%).

Las mujeres han conseguido más medallas olímpicas que los hombres en los últimos cuatro Juegos Olímpicos, lo cual es sorprendente si consideramos que tuvieron que pasar poco más de 30 años para que ellas pudieran participar. 

El mismo tiempo que las mexicanas tardaron en convertirse en las principales protagonistas del deporte nacional.

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