Si de regalar se trata, casi de forma automática surge la alternativa del libro, aunque también de manera casi inmediata es una opción que se desecha a favor de otras, mejores o peores, pero menos comprometidas. Porque regalar un libro compromete; es un obsequio que puede ser ideal o puede dejarnos en evidencia de que no tenemos idea de lo que estamos haciendo.

¡Claro que es bueno regalar un libro! Y además, parece fácil. Ni siquiera es necesario ir a una librería; los hay en almacenes, auto-servicios, cafeterías, restaurantes y kios-
cos de periódicos, por no hablar de Internet.

Hay miles de títulos, prácticamente sobre cualquier tema, de todos los géneros, de ficción y no ficción, de autores famosos y desconocidos, en ediciones rústicas o de lujo, etc. El desafío está en la persona a quien va dirigido; dar un libro revela qué tanto conocemos a quien lo va a recibir.

No a todos les gustan los mismos libros, y es más, no a todos les gustan los libros. Y puestos en este camino, no a todos les gusta leer. Todos dirán que sí porque es lo políticamente correcto, pero por poco que se conozca a alguien, se puede saber si esto es cierto o no. Y hay libros ¡aún para quienes no gustan de leer!

Larga es la historia del libro como regalo. En la Antigüedad era uno de los objetos más preciados entre reyes y sacerdotes, pues cada libro era único, una obra de arte que encerraba el conocimiento; era un tesoro. Con la llegada de la imprenta, la posibilidad de regalar libros aumentó, lo mismo que el prestigio de hacerlo. Se entendía que quien lo daba y quien lo recibía eran personas cultas. Esta buena impresión sigue viva porque los libros siguen siendo tesoros; quizá han perdido su carácter único, pero se han multiplicado en variedad y atractivo.

Sabemos que un libro es un amigo, un viaje, un sueño, una lección, una pasión, una aventura, un juego, una puerta, un refugio, una alerta, etc. “El libro es el mejor regalo porque tiene la máxima concentración de la experiencia humana. Ahí tienes todo el mundo posible, toda la ficción, toda la realidad, todo está ahí”, resume Antonio Muñoz Molina.

Si comprar un libro para leerlo es gratificante, comprar un libro para que lo lea otro puede ser un gozo. En la medida en la que conozcamos y nos interese la persona a quien lo vamos regalar, la flecha dará en el blanco. Así que antes de pensar en un título, pensemos a quién se lo queremos dar y por qué. Lo otro, pasar por un pasillo y tomar el primero de la mesa de Novedades, no estará mal; saldremos del paso, pero perderemos la oportunidad de darle a esa persona una compañía para toda la vida.

Si todavía no sabes qué libros regalar, aunque en la librería siempre habrá miles de opciones, para jóvenes: Relatos y poemas para niños extremadamente inteligentes de todas las edades, de Harold Bloom, y El curioso incidente del perro a la medianoche, de Mark Haddon. De ficción: El progreso del amor, de Alice Munro, y La reina descalza, de Ildefonso Falcones. De no ficción: El Papa Francisco, de Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti, y Tu vida, tu mejor negocio, de Salvador Alva. Y para quienes no gustan tanto de la lectura, pero sí de las cosas bellas: Arte, de la Editorial DK, entre muchas alternativas.

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