Resulta interesante saber quiénes somos, por qué queremos lo que queremos y cómo podemos mejorar nuestra vida.

La razón por la que un deseo a veces es intenso y repetitivo, mientras que otras se desvanece y desaparece, es la materia de estudio de los investigadores de la motivación. Ellos se centran en encontrar las respuestas posibles a dos preguntas clave: ¿Qué causa la conducta y por qué la conducta varía en su intensidad? La primera se refiere a cómo la motivación afecta la iniciación, la persistencia, la dirección de la meta y la eventual terminación del comportamiento. Mientras que la segunda se refiere a que, aun en la misma situación, las personas reaccionan de manera diferente.

 

LAS MINITEORÍAS

Desde los antiguos griegos hasta el Renacimiento, la motivación se ubicó en dos temas: la voluntad y los deseos corporales. El principal objeto de estudio durante esos dos milenios fue la voluntad (primera gran teoría). Sin embargo, la voluntad explicaba muy poco la motivación y como consecuencia pasó de la filosofía a la psicología a finales de 1800. La psicología explica la motivación a través del concepto del instinto (segunda gran teoría); no obstante, el instinto no pudo ser un sustento capaz de demostrar la teoría de la motivación.

La pulsión fue la tercera gran teoría,  cuan-
do el comportamiento está motivado a tal grado que satisface las necesidades del organismo y restaura el equilibrio biológico. Sin embargo, esta teoría resultó ser demasiado limitada. Fue entonces cuando surgieron las miniteorías que centran su atención en fenómenos motivacionales específicos: una miniteoría explica alguno, mas no todo el comportamiento motivado.

 

EJEMPLO DE MINITEORÍA: “Teoría de la motivación del logro” aplicada al deporte.

Los planteamientos iniciales de esta teoría se atribuyen a Alfred Adler (1924), pero fue Henry Murray (1938) quien aplicó tales supuestos al terreno deportivo, abriendo una línea de investigación que Atkinson (1957) y McClelland (1961) desarrollaron hasta conseguir un modelo teórico con gran tradición en el ámbito del deporte.

Este modelo postula que en el deporte las personas actúan movidas por factores estables de personalidad (conseguir el éxito y evitar el fracaso) y por factores situacionales (la probabilidad de conseguir el éxito/fracaso y el valor asociado al éxito/fracaso), los que interactúan entre sí y explican la motivación de logro. Esto quiere decir que un deportista concreto, con unas características personales determinadas, tenderá a buscar el éxito o a evitar el fracaso dependiendo fundamentalmente de dos cuestiones: la probabilidad con que perciba el éxito/fracaso en el desempeño de su disciplina deportiva y el valor que otorgue a esa actividad (tanto si consigue el éxito como si fracasa).

Mientras que los deportistas de alto rendimiento demuestran tener una motivación alta para alcanzar el éxito y baja para evitar el fracaso, ya que disfrutan evaluando su talento y no se preocupan por la idea de cometer errores, los deportistas de bajo rendimiento exhiben una motivación baja para alcanzar el éxito y alta para evitar el fracaso, dado que se preocupan y piensan constantemente en la posibilidad de fallar.

Todos tenemos dos motivos de logro fundamentales: alcanzar el éxito y evitar el fracaso. Dos motivos que son el resultado de las experiencias tempranas de socialización, que paulatinamente van enseñando a los individuos a evitar aquellas situaciones en las que se vislumbra el fracaso y a perseguir aquellas en las que el éxito parece viable.

Compartir