¿Qué sentimos ante constantes noticias sobre desastres naturales, ataques terroristas, crisis económicas, huelgas, marchas, inseguridad, desempleo, conflictos internacionales, armas de destrucción masiva, tiroteos en lugares
públicos, etc?

Por lo general, al escuchar noticias negativas experimentamos angustia, intranquilidad, miedo, impotencia, enojo, asombro y muchos otros síntomas que son temporales, porque suelen ir disminuyendo hasta que de pronto ya estamos concentrados en otra situación o actividad. Pero en ocasiones, los síntomas persisten, se vuelven permanentes y afectan áreas importantes de nuestra vida diaria, pudiendo causar en nosotros el Síndrome de Estrés Post-traumático.

Se comprobó, por ejemplo, que al ver imágenes muy explícitas de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, muchos experimentaron dicho Síndrome. Lo cual no quiere decir que todas las personas que ven imágenes impactantes tengan ese padecimiento. A veces el perjuicio en el estado psicológico o anímico es momentáneo o temporal, y en ocasiones el daño persiste y causa un deterioro social, laboral, familiar e incluso afecta otros ámbitos de actividad del individuo, como el físico y el sexual.

Se ha tratado de identificar ¿por qué este tipo de imágenes afectan más a unas personas que a otras? Y se ha llegado a la conclusión de que la respuesta de cada uno depende de sus antecedentes psicológicos personales y de la exposición que ha tenido a situaciones altamente estresantes o traumáticas.

La mente es incapaz de procesar y responder adecuadamente a un estímulo muy intenso o traumático, y a ello se deben los efectos psicológicos posteriores al evento que alteran la respuesta del cuerpo al estrés, incluso a niveles hormonales y de los neurotransmisores (sustancias químicas encargadas de transmitir información en el sistema nervioso). Es común que persista la sensación de que ‘algo malo va a pasar’ y de ‘estar continuamente en peligro’; es decir, que se revive el momento negativo una y otra vez.

Las manifestaciones principales del Síndrome de Estrés Post-traumático son tres:

1.  Re-experimentación del evento traumático por medio de recuerdos, sueños, pesadillas o episodios de ansiedad o malestar físico.

2.  Evasión o insensibilidad como método de defensa o ‘anestesia emocional’.

3.  Aumento del estado de alerta, irritabilidad, insomnio, ataques de ira o ansiedad, y síntomas físicos como mareos, sudoración, náusea y dolor de cabeza.

Algunas complicaciones pueden generar ataques de pánico o comorbilidad con abuso de sustancias (alcoholismo, drogadicción) o depresión.

La presencia de las manifestaciones mencionadas, puede significar la existencia del Síndrome de Estrés Post-traumático, por lo que se debe acudir inmediatamente a los profesionales expertos en salud mental, ya que un diagnóstico precoz y un tratamiento oportuno son la diferencia en relación a este trastorno tan común en la actualidad.

El pronóstico es muy bueno si se sigue un tratamiento integral basado en la psicoterapia individual y grupal, así como en grupos de auto ayuda, entre otras posibles opciones.

 

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