Recuerdo que en una ocasión, una amiga me contó que había pasado la noche en vela tratando de rescatar a su hijo (de 23 años) del “Torito” (estación de policía donde retienen de 24 a 36 horas a los conductores ebrios, sin quedar registrados con antecedentes penales).

Ella y su esposo estaban dispuestos a pagar lo que fuera necesario con tal de que su indefenso retoño no tuviera que permanecer ni un minuto en un lugar tan desagradable, sin éxito, claro.

Siempre he pensado que la mejor medida que han tomado las autoridades de la Ciudad de México es la del Alcoholímetro.

Si un ser querido toma la mala decisión de conducir después de tomar alcohol, agradecería en el alma que alguien se lo impidiera y le diera una muy buena lección, evitando así que en vez de encontrarlo en el Torito, deba ir a buscarlo a la cárcel, a la Cruz Roja o a la morgue.

Un BIEN INMEDIATO o UN BIEN A LARGO PLAZO, he ahí el dilema.

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