Un antiguo profesor mío de periodismo, me invitó recientemente a la presentación del libro: “Juárez en la sombra. Crónicas de una ciudad que se resiste a morir” (Ed. Aguilar) en un conocido centro cultural. Su autora es Judith Torrea, quien estudió Comunicación en la Universidad de Navarra, España, y ha sido galardonada con el premio Ortega y Gasset de Periodismo Digital 2010 por su blog: “Ciudad Juárez, en la sombra del narcotráfico”, con el “Premio BOB-Reporteros sin Fronteras 2011” y hace pocos días, también recibió el Premio de Medios de la “Deutsche Welle” en Bonn, Alemania.

La escritora narró cómo a finales de los años noventa estuvo reporteando en Ciudad Juárez y se encariñó con los “juaritos”, como afectuosamente les llama.

Después le ofrecieron una interesante oferta laboral: trabajar en Nueva York para una revista de moda y de “glamour” orientada al “jet set” de esa ciudad cosmopolita. No lo pensó dos veces. Se fue a trabajar a Estados Unidos y trató con personas de clase social alta. Pero hubo un suceso que la marcó en forma definitiva.

Al final de una cena de gala con empresarios de alto poder adquisitivo, como la cosa más “normal” del mundo, los meseros distribuyeron entre los numerosos asistentes unas bolsitas para inhalar cocaína.

Judith se molestó mucho y cuestionó al empresario sentado junto a ella, que estuvo charlando largamente durante la velada y al que le tenía suficiente confianza:

-¿Sabe usted cuántas muertes se necesitan para que se consuma tranquilamente en este elegante restaurant un gramo de cocaína? Porque yo he trabajado como reportera en Ciudad Juárez y conozco de cerca la problemática de la droga y del narcotráfico.

Le respondió con frialdad el hombre de negocios:

-Juárez está muy lejos. No me interesa. ¡Brindemos mejor por México, salud!

A lo que la periodista le contestó con energía:

-¡Pues sepa que al menos se necesitan 30 muertos en Juárez para que usted se deleite con su vicio!

Relata Judith que de inmediato llegó a esta conclusión:

-¿Qué hago yo aquí en medio de esta sociedad aburguesada, egoísta y materialista?

Es curioso -reflexionaba ella-, Estados Unidos es el país mayor consumidor de drogas y máximo exportador de armas, y en su territorio no hay víctimas de los narcos ni guerras entre cárteles del narcotráfico. Rara vez se escucha que detengan a capos del crimen organizado.

Y a raíz de este incidente decidió regresar a la ciudad fronteriza de Chihuahua, como llamada a una misión específica.

Además de exponer detalladamente las historias de muerte, destrucción, desolación, secuestros y asesinatos que ocurren cotidianamente en esta –tristemente- célebre ciudad, planteó varias soluciones:

1.     La sociedad mexicana se debe de involucrar más y comprometerse en serio para resolver esta problemática. Si no lo hace, el conflicto se extenderá por todo el país.

2.     Es urgente realizar un plan de  justicia social, planear a futuro y crear un estado de derecho para acabar con la impunidad y la creciente inseguridad.

3.     Debe haber secundarias y preparatorias (actualmente están cerradas), e impartir clases de Ética y de valores; de lo contrario, los modelos de los adolescentes son los narcos.

“De mis queridos “juaritos” –asegura- les puedo relatar que me han enseñado a vivir. Ellos conviven todos los días con los muertos en medio de sus calles sin pavimentar, porque la ciudad es un gigantesco cementerio.

Los fines de semana, cientos y cientos de personas visitan en sus tumbas  a sus familiares asesinados: padres, tíos, hermanos, hijos, primos…

Sin embargo, sus  mujeres y hombres son personas que tienen  una gran dignidad, fortaleza, amabilidad y franqueza. Para mí ha sido toda una lección de vida”–concluyó.

 

“¡Por favor, dejen de mirar en el Distrito Federal, a Ciudad Juárez, de modo tan indiferente y distante, como si esa ola de violencia y aniquilación nunca fuera a tener impacto ni a llegar a la capital!” -dijo casi en tono de súplica.

Al finalizar su presentación hubo numerosas preguntas. Una de ellas me llamó  la atención particularmente:

-“Judith, viviendo en Ciudad Juárez, ¿no tienes miedo a ser agredida físicamente, a que te priven de tu libertad o  que pierdas la vida cubriendo estas noticias referentes al crimen organizado?”

Con su característica agilidad mental, ella aseveró:

-Te responderé con la verdad en la mano: a lo que le tengo miedo, de verdad mucho miedo, es a no cumplir mi misión como periodista. Porque no quiero ser testigo pasivo de esta masacre, de este doloroso genocidio. Estoy comprometida con la verdad y precisamente por eso es que he escrito este libro: para informar y concientizar a todos los mexicanos sobre estos desgarradores hechos.

Sin duda, Judith Torrea nos ofrece un ejemplo admirable de valor como mujer y un testimonio de vida, de vivir  realmente comprometida con su misión como comunicadora.

 respinoza@yoinfluyo.com

Blog: raulespinozamx.blogspot.com

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