Arsi, Etiopía, fue el lugar designado para el nacimiento de una estrella. El 18 de abril de 1973, la leyenda de Haile, que quiere decir hijo del halcón, comenzó a escribirse en medio de la guerra y la pobreza que azotaba la región africana.

Dentro de una familia de nueve hermanos, sobrevivir era el reto de cada día, por ello la escuela era un lujo; sin embargo, Gebrselassie, con apenas seis años, se aferró a ella sin importarle tener que recorrer 20 kilómetros diarios.

Las circunstancias, de forma irónica, permitieron que el joven se preparara para lo que el destino le tenía designado, pero que él en su juventud solo entendía como el mejor escape a la cruda realidad que afrontaba.

A los 16 años estaba colmando uno de sus sueños, salir de su país para hacer lo que más le gustaba: correr. Le dijeron que iba a hacer atletismo, pero le daba lo mismo, no sabía qué era exactamente pero le gustaba la idea, solo tenía que hacer lo que todos los días hacía, correr.

Competencias locales y reconocimiento de minorías fueron alimentando el espíritu del etíope, cuya primera meta fue brindar un verdadero hogar a su familia y así lo hizo.

El salto a la escena internacional llegó en 1992, al convertirse en campeón del mundo en dos disciplinas, cinco mil y diez mil metros.

Durante los siguientes ocho años Haile Gebrselassie permaneció invicto en esas distancias, igualando y rompiendo no menos de 15 récords mundiales y ganando medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta y Sydney.

Una lesión en el tendón de Aquiles comenzó a mermar su desempeño, así como los continuos ataques de asma y las alergias que le atacaban en competencia.

Para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 decidió no participar en el maratón debido a los niveles de contaminación, y en 2010, luego de retirarse de la prueba en Nueva York por lesión, el ídolo anuncio su retiro, no obstante, el amor por su profesión lo hizo soñar con regresar en Londres 2012, pero lamentablemente no pudo clasificar.

Haile, el atleta de la permanente sonrisa, invierte parte de sus elevados ingresos en preparar a jóvenes etíopes para que, por medio del deporte y en especial del atletismo, salgan de la pobreza.

Sobre la pista ha crecido una leyenda del deporte actual, Haile Gebrselassie, un auténtico personaje de un cuento con final feliz.

 

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