Desde Wembley 1992 hasta Wembley 2011

Barça cayó a plomo en el Allianz de la misma manera que se había elevado en Wembley. Visto ahora con perspectiva y aunque siguió ganando algo, tal vez ese día (y en el del Mundialito ante el Santos) coronó su obra, su particular filosofía de futbol, con un 3-1 ante el Manchester en la mayor expresión del guardiolismo, un anexo mejorado del cruyffismo que había triunfado veinte años.

Lo que ha venido después ha sido un año repleto de nostalgia a pesar de los títulos (Mundial de Clubes, Supercopa de Europa y Copa del Rey), y otro de dificultades y malos síntomas que, sin embargo, cerrará con la dignidad de una Liga, cuarta en cinco años. En la Champions, sin embargo, ha ido enseñando piedrecitas en el camino: la derrota en Glasgow, el desastre de Milán, y en cuartos ante el PSG… Aunque un 4-0 a un equipo tan estético como éste resulte doloroso de asimilar, es obvio que el Barça se había buscado este Waterloo a base de bien.

El Barça está ante la interesante opción de reconstruirse desde ya y rescatar lo bueno que quede de un equipo memorable. Después de este 4-0, el buenísimo ya no es una opción posible. Peor fue lo de 1994, por ejemplo, cuando Romario se marchó de la final sin querer recibir la medalla conmemorativa; Stoichkov y Koeman ya estaban en caída y Cruyff, en pleno delirium tremens, decidió empezar la reconstrucción con los fichajes de Escaich, Sánchez Jara, Eskurza, Korneiev y José Mari. Aquello no fue una reconstrucción, sino un circo, aunque hay que reconocerle una cosa, sirvió para liquidar por derribo y empezar de cero.

Esta transición para el Barça será, si cabe, más complicada. Con Iniesta y Messi, se supone, aún en plenitud, el Barça debe analizar casos realmente delicados. Primero, deportivos. Valdés es caso perdido. Puyol y Xavi terminan de renovar, son y serán de la casa ¿Qué hacer? Más casos de la casa: Cesc. Un traspaso caro, a petición expresa de Guardiola, que siempre quiso proteger el vestuario con un núcleo duro de culés de base que rodearan a Messi. Cesc decepcionó a Guardiola, pero su marcha sería asumir un error excesivo. Otros, se supone, serán más sencillos: Villa y Alves podrían dejar paso, y ficha, a nuevos elementos. Alexis estará en el mercado, se incorporarán centrales…

Y luego están los casos humanos. El Barça ha sobrevivido a dos dramas de vestuario: Abidal y Tito Vilanova. Dos héroes en todo caso. El primero pide una renovación que el club no sabe si resulta conveniente. Pero su caso, sin duda, es menos problemático que el de Vilanova, inmóvil durante la caída de Munich: 4-0. Y lejos de Barcelona por cuestiones obvias. El Barça ha vivido en la anormalidad este año. La gestión del asunto Vilanova será capital. Se ha esperado tanto del cuerpo técnico este año como poco del staff directivo, el que ahora deberá tomar decisiones.

Así que, aunque a Freixa no le guste, cabría decirle que no hubo transición mejor que la de Guardiola, que en 2008 heredó un Barcelona trasnochador, caprichoso y, sobre todo, ya perdedor e indolente y despachó a Ronaldinho, que aunque estaba en caída era el icono que había devuelto la alegría al club. También a su amigo Deco, para liberar a Messi de las malas influencias. Y un año después, a Etoo, decisivo nada menos que en dos finales de Copa de Europa, para evitar ‘activos tóxicos’ en el vestuario. Freixa cree que Guardiola no hizo mucho, pero la verdad que lo hizo perfecto. Tanto que igual hasta alguno tira de teléfono para enderezar este ciclo o empezar uno nuevo.

Y si Rosell y Freixa creen que esto se arregla con un Neymar, que se lo compren. Un Ronaldinho sale una vez en la vida. Proyecto no es solo eso.

 

 

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