¿Qué pasa cuando el poder político considera a las personas como súbditos acríticos y dóciles, el poder económico convierte a las personas en consumidores adictos, y el poder mediático manipula a las personas para que satisfagan el control indebido que ejercen el poder político y económico?

El ‘tecnosistema’, nos dice Alejandro Llano, es un conglomerado político-económico-mediático, integrado básicamente por el Estado, el mercado y los medios de comunicación social. Según Llano, lo negativo del tecnosistema que se ha implantado sobre gran parte del mundo y rige a millones de personas, reside en su ‘carácter mecánico y funcionalista’, en el ‘consumismo y la tecnocracia’. (Humanismo Cívico, Editorial Ariel, Barcelona, 1999).

Giovanni Sartori denuncia con vehemencia la manipulación que ejercen los medios informativos sobre las personas para inducirlas a ser dóciles súbditos de la ‘videocracia’: El ‘video-niño’ obedece las órdenes que se traducen en votos a favor de políticos clientes de las empresas televisivas, en gran parte porque es incapaz de pensar, decidir y actuar libremente (Homo videns, Editorial Taurus, México, 1997).

Hoy en día las industrias del entretenimiento global imponen ideas, valores y estilos de vida sobre miles de millones de personas en una ‘batalla cultural’ que describe Frédéric Martel como un intento para controlar ‘las palabras, las imágenes y los sueños’ (Cultura Mainstream, Editorial Taurus, México, 2011).

Y es quizá en la manipulación política, económica y mediática donde encontramos un ambiente favorable a la proliferación de adicciones que aquejan a la sociedad del siglo XXI. La Real Academia de la Lengua habla de una adicción como un hábito de quien se deja dominar por el uso de alguna o algunas drogas tóxicas, o por la afición desmedida a ciertos juegos, o bien, habla de una afición muy grande a algo. (Diccionario esencial de la lengua española, Real Academia Española de la Lengua, España, 2006).

Extendiendo el sentido expuesto, la adicción puede ser ese hábito de quien se deja dominar por algo que es superior a la persona que lo padece. Inteligencia y voluntad quedan nubladas frente al impulso irresistible y arrollador de quien es dominado por el objeto de su adicción. Puede ser una droga, bebidas alcohólicas, la moda, el juego, el peligro, la violencia, la tecnología, los objetos de lujo o la fama.

En el mundo del ‘video niño’ adulto, que ve pero no piensa, que compra compulsivamente y que obedece a la ‘videocracia’, llevando al poder a los candidatos promovidos por la industria televisiva, que acepta sin chistar los modelos de vida que le imponen las industrias globales fílmica, televisiva, discográfica o editorial, las adicciones proliferan y son sustento importante de la viabilidad del ‘tecnosistema’.

Estado, Mercado y medios de comunicación social son importantes y necesarios, pero solo se justifican en el marco de una sociedad de personas libres, que con inteligencia y voluntad son capaces de vivir según sus convicciones, sueños y aspiraciones legítimas y auténticas. Las adicciones son el resultado de desequilibrios personales y sociales, de afectaciones, limitaciones, reducciones en las condiciones materiales y espirituales necesarias para el desenvolvimiento armónico de la persona y de la comunidad.

En sus causas, las adicciones son multifactoriales. Pero es indignante que las adicciones sean propiciadas, fomentadas, creadas y aumentadas para garantizar la explotación política y económica, la manipulación ideológica, la dominación absoluta de gran parte de la humanidad. En el fondo de la cuestión está la lucha por la dignidad de la persona humana, el ejercicio de sus libertades y derechos, el cumplimiento de sus obligaciones, y la necesidad de crear un entorno social que propicie el desarrollo armónico e integrado de las personas, y el cumplimiento de sus aspiraciones, vocaciones y destinos.

*El autor es Director del Centro de Cultura Humanística A.C.

@yoinfluyo

 

Compartir