Crisis, falta de valores, pasividad… parece que educar a los jóvenes en esta época se ha convertido en una auténtica pesadilla.

 Educar siempre ha sido muy difícil pero actualmente tiene una particular complejidad. Cada época tiene sus problemas y ahora se está poniendo el acento en lo negativo, haciendo a un lado lo positivo. Existe un claro déficit de autoridad, de exigencia y de austeridad personal, que son cosas muy necesarias para el esfuerzo que requiere la educación. Es muy difícil que los jóvenes se concentren en el estudio con tantos reclamos atractivos que existen. Además, las familias de hoy han pasado muchas necesidades y quizás por eso se preocupan de que sus hijos no tengan ninguna y les dan un exceso de comodidades. Eso no es positivo para los jóvenes.

Las familias deben tener muy claro que para la educación es necesaria la austeridad. Existe un cierto paralelismo entre la crisis educativa y la financiera. La última es el resultado de vivir por encima de nuestras posibilidades durante mucho tiempo. La gente se ha acostumbrado a vivir bien y ha gastado más de lo que tenía con el consiguiente endeudamiento. En cuanto a la educación ha ocurrido lo mismo. Se tiene de todo en exceso con el mínimo esfuerzo. Esto ha provocado que las nuevas generaciones sean muy vulnerables a pesar de que han tenido las mejores opciones. Educar no es cuestión de dinero. Por lo general, quienes menos dinero tienen más esfuerzo hacen; y formarse exige mucho esfuerzo, pero también dinero. De hecho existe un temor en la sociedad sobre las consecuencias que la crisis puede tener en la educación.

Hay que invertir bien los recursos, no es necesario que sean muchos. En España, el Estado gasta 700 euros al mes por alumno, sin contar las aportaciones de los Ayuntamientos. Hay gente que no gana mucho más de eso. Soy partidario del Estado del bienestar, pero hay que invertir bien, no mucho. Si con 700 euros al mes no hay resultados, es que el Estado de bienestar peligra. Hay que darle muchas vueltas para ver cómo invertir adecuadamente el dinero y mejorar la educación.

Tengo una enorme confianza en la capacidad de adaptación de los jóvenes a los nuevos tiempos. El problema es que en todo periodo de adaptación se producen daños. El exceso de comodidad ha dejado a los jóvenes indefensos ante el futuro. Es una tragedia que gente con veinte años no tenga formación, ni futuro, ni capacidad de esfuerzo. Los adultos deberíamos poner a los jóvenes frente a su futuro. El peor servicio que le hemos hecho a los jóvenes es hurtarles la realidad poniéndoselo todo muy fácil. Se les da dinero aunque no rindan, se les permite que no colaboren en las tareas de casa, se les mantiene hasta más allá de los treinta años. Así nunca podrán ser adultos independientes y responsables. Los padres a veces hacen esto por cariño o por miedo a perder el cariño de sus hijos. Cuando uno tiene miedo se somete a una manipulación afectiva que puede hundirle.

Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es que hay una serie de conocimientos a los que se les da mucha importancia y otros a los que no se les presta ninguna atención, como la formación de los padres o la educación en valores. La sociedad es cada vez más compleja y necesita prestar más atención a estos temas, a la escuela que es la familia. Los adultos deben aprender a decir NO, ya que los dirigentes del mañana serán aquellos a los que sus padres, hoy sepan decirles NO. Esto es fundamental en nuestra sociedad.

Alfonso Aguiló Pastrana es Vicepresidente de la Confederación Española de Centros de Enseñanza, dirige el Colegio Tajamar en Madrid, es presidente de la Asociación Madrileña de Empresas Privadas de Enseñanza, ha publicado más de diez libros sobre temas de educación y antropología, y más de doscientos artículos en revistas.

 

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