¿Qué pensamos cuando decimos que alguien es persona
de carácter?

Quizá la adaptación firme de su voluntad en una dirección, la lealtad personal hacia unos principios que no ceden a las conveniencias del momento, la perseverancia en obedecer a la voz de su conciencia, o quizá la independencia de su criterio frente al qué dirán.

Hay muchas definiciones de carácter: Un modo de obrar siempre consecuente cuyos móviles son principios firmes, constancia de la voluntad en el servicio del ideal reconocido como verdadero, perseverancia en plasmar un noble concepto de la vida, y muchas más.

 

¿Qué puede hacer un padre o una madre para que sus hijos sean personas de carácter?

Primero –y es más importante de lo que parece– tendrás que definir qué principios y qué ideales quieres que tengan tus hijos.
A continuación, tendrás que procurar que vayan comprendiendo la importancia que esto tiene para su vida y, sobre todo, que entiendan que nadie podrá hacerlo en su lugar. Y como en las ideas no cabe la imposición, conviene que lo hables de vez en cuando con tus hijos, que suelen ser más razonables de lo que parecen. Y cuando lo hagas, esfuérzate en hablarles normal. A los chicos les gusta que se dirijan a ellos de modo natural y con voz suave. A muchos adultos les encanta hablarles con aire paternalista, si no es que además, en tono subido y autoritario. Pero ellos agradecen mucho que se les hable de modo normal, como a los mayores. Después tendrás que determinar de qué modo van a acostumbrarse a obrar según esos principios. Porque lo más difícil no es formular principios rectos, eso se consigue con relativa facilidad; hay que persistir en ellos a pesar de las cambiantes circunstancias de la vida, porque buenos proyectos tenemos todos, pero luego hay que llevarlos a la práctica, que es difícil. Y conseguir que los hijos los lleven también a la práctica, es más difícil todavía.
Empieza por cosas pequeñas.

 

Siembra un pensamiento –dice Toth– y segarás un deseo, siembra un deseo y recogerás una acción, siembra una acción y cosecharás una costumbre, siembra una costumbre y segarás el carácter. De pequeños pensamientos y acciones, va tejiéndose la suerte de la vida.

Podríamos decir que el éxito está en descubrir la natural sucesión educativa:

Motivación en los valores.

Actos favorables.

Arraigar las virtudes.

Consolidar el carácter.

 

“Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser”.

José Ortega y Gasset

 

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