“Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo”.

Cor. 12, 12.

Hace un año celebrábamos la visita del Papa Benedicto XVI a nuestra casa en el Colegio Miraflores de León, Guanajuato. Apenas un año y ¡cuántas cosas han cambiado!

La renuncia libre y voluntaria del ahora Papa Emérito Benedicto XVI, fue ocasión para que a diestra y siniestra surgieran opiniones sobre su persona y críticas contra la Iglesia Católica como institución. Desgraciadamente, muchas de estas últimas con fundamento; no es posible ni deseable no reconocerlo, no podemos ni debemos voltear la cara y no verlo. Aunque Dios nos acompaña, “…he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20), son los yerros, pecados y crímenes en una institución formada por seres humanos. Esta situación ha provocado una de las crisis más graves de la Iglesia en toda su historia, de la cual, con toda seguridad saldrá fortalecida y renovada, limpia y unida, en torno al Sumo Pontífice.

Esta nueva circunstancia es una buena oportunidad para recordar algo que sabemos desde siempre, pero que a veces se nos olvida: la Iglesia somos todos; desde nuestro bautismo formamos parte de ella. He oído cómo algunos de los que formamos parte de la Iglesia, el Cuerpo Místico de Cristo, hablan de ella como si se tratara de algo ajeno que solo tuviera que ver con los sacerdotes, las monjas, los obispos, pero no con ellos.

Nos recuerdan las Sagradas Escrituras: “Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo…si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo”. (1 Cor. 12, 13)

No hay que olvidarlo, y como miembros conscientes, responsables y comprometidos del mismo cuerpo, todos tenemos algo que hacer en esta nueva etapa de la Iglesia. Es un momento privilegiado para vivirlo en un ambiente de fe. En el Credo confesamos: “Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica”, y esto significa nuestra certeza de que es la Iglesia que fundó Jesucristo, nuestro Señor; que el Espíritu Santo es el alma que la sostiene, la santifica y la acompaña en su misión, y que a esta Iglesia, Jesucristo la ha dotado de un pastor universal que lo representa a Él: el Buen Pastor. Por lo tanto, no se trata solamente de un tema de liderazgo, organización o estructura. Es ante todo un tema de fe.

¿Qué podemos hacer nosotros? Por lo pronto, orar por el nuevo Vicario de Cristo. La crisis y los problemas de la Iglesia no terminan con su elección ni son problemas solamente suyos, sino de todos nosotros: la Iglesia. Oremos para que con la guía de este nuevo pontificado avancemos en el camino de Cristo, para que nuestra fe se vea fortalecida y que no se confunda con tanta información y comentarios, y demos gracias a Dios por esta nueva bendición para su Iglesia que, repito, somos todos. No lo olvidemos.

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14 COMENTARIOS

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