Nadie está libre de error. Todas estamos expuestas y más cuando necesitamos trabajar en nuestra autoestima.

Una mañana en un centro comercial, me pareció ver a una amiga platicando con un hombre. Me acerqué a saludarla, pero cuando estaba por decir ‘¡hola!’, se sorprendió, se dio vuelta y caminó lo más rápido posible. Me extrañó que aunque sin acercase a ella, el caballero la siguió. Los perdí de vista, pero cuando me dirigía a pagar el estacionamiento, los vi de nuevo a unos metros y comprendí por qué ella había aparentado no verme: se estaban besando y él no era su marido.

No es que me espante, no me doy golpes de pecho, pero fue doloroso desnudar la palabra ‘amante’: ‘persona que ama’.

El amor conlleva respeto, confianza, comunicación y procurar el bienestar y crecimiento del otro.

Pensé cómo solemos mal usar el término para designar a una persona que se involucra con otra que tiene un compromiso previo llamado matrimonio. ‘Amante’ entonces, refiere a la persona que no se ama, que está dispuesta a que le den el tiempo de sobra con tal de no estar sola, y que aun sabiendo que el otro tiene una familiar, parece no importarle.

Como mujer, me resulta triste ver cómo otra se daña de tal forma. Nos habla de la falta de atención, de la pérdida de valores como sociedad. Demandamos respeto y no sabemos respetar ni darnos a respetar. Algunas son madres, tienen esposo y ponen en riesgo su familia; algunas son jóvenes y se exponen a un embarazo no deseado, a gritos e insultos, y en ocasiones, a golpes y amenazas. Las consecuencias son más dolorosas que la soledad que las ha empujado a la aventura.

La infidelidad y el jugar a ser la amante nada tiene que ver con el nivel socioeconómico. Trato de imaginar qué lleva a una mujer a permitir que alguien la utilice: No valorarse.

‘Amante’ ¡no! Mejor, ámate mujer. Ámate lo suficiente para no necesitar que tu felicidad dependa de una pareja. Ámate tanto que aceptes cuando estés en un error para salir de él a la brevedad, sin hacerte más daño. Perdónate y vuélvete a querer.

Quien es capaz de entregarse a un hombre que no la respeta para no estar sola, no debería esperar amor, pues el amor no va de la mano con actitudes que denigran ni con secretos ni con llamadas a escondidas.

Posiblemente deseas que alguien se comprometa contigo, pero si el hombre que te agrada es casado, coquetearle no hará que se comprometa contigo y mucho menos que te sea fiel. No caigas en esa ilusión.

Ámate mujer, ¡tanto! que merezcas a un hombre libre que busque tu bienestar y no tema expresar al mundo que es feliz a tu lado, que está enamorado de ti, que está orgulloso de tus logros, que le agrada tu risa, que quiera que seas la única en su vida.

No te prestes a ser parte de la ruptura de un hogar.

Un caballero, cuando tiene conflictos con su esposa, los resuelve hablando o cierra el ciclo antes de comenzar un nuevo romance. Pues no piensa solo en él, ni es egoísta, ni ve solo por su satisfacción.

Una amante vive temerosa, sin la paz que da la confianza, pues tendrá razón en pensar que cuando él no está con ella, seguramente está con otra.

Ámate mucho y enamórate primero de ti.

Si te relacionas con un hombre que está unido a otra persona, cargarás aquello que no te corresponde, pues en cada beso te entregará la esencia de su alma y la de su cónyuge.

Seguramente llegó el coqueteo cuando necesitabas halagos, pero mejor prepara el terreno para sembrar algo duradero en donde –más allá de la pasión– haya ternura, comprensión, respeto y amor.

Cuando te digas: “Yo también tengo derecho a tener una pareja a mi lado”, piensa en tus valores, en aquellos que inculcas o querrías inculcar a tus hijos para que no les pase; piensa en tu pureza de alma y date cuenta que lo que comienza mal…empeora.

No te engañes ni te justifiques, solo ámate de nuevo. Y cuando estés lista, podrás comenzar una relación sana, que nazca limpia, con capítulos anteriores ya finalizados; ahora sí, basada en el amor. No tengas miedo a la soledad, pues es una oportunidad de conocer lo maravillosa que eres.

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