Una noticia mala: la persona súper perfecta para ti no existe. Una buena: la misma. Dios no creó un ser humano diseñado expresamente para hacerte feliz, eso sería un concepto muy egoísta. De modo que ir por la vida en busca de alter ego cósmico es un espejismo.

Una relación exitosa consta de dos personas que primero se eligen mutuamente con sabiduría y sentido común, y que luego se dedican a hacer las cosas correctas en su matrimonio. Los principios como el amor, el respeto, la paciencia, el perdón, la capacidad de sufrimiento, entre otros, son tan poderosos que funcionan en cualquier pareja.

Cada vez se escucha de más personas que a los dos años, al año, incluso a los pocos meses de casadas, se lamentan: “Esto es un infierno”. Eso sucede cuando no hacen bien su trabajo durante el noviazgo. Un mal noviazgo termina en un mal matrimonio. Cuando salgas con alguien, usa un poco de sabiduría y de sentido común: Si se ve como zorrillo, se mueve como zorrillo y huele como zorrillo… ¡es un zorrillo! “Pero puedo cambiarlo…”. No, no puedes.

El objetivo del noviazgo es descubrir el carácter del otro. Para eso no hay que fijarse en cómo actúa sino en cómo reacciona. Se pueden fingir muchas cosas, pero no las reacciones. No solemos tomar en serio la manera negativa de reaccionar que tiene en un mal momento la persona que amamos, porque pensamos: “No es así normalmente”. ¡Helloooo! ¡Abre los ojos!

Claro que elegir bien no es suficiente. Mark Gungor, uno de los conferencistas más solicitados en los Estados Unidos sobre temas de matrimonio y familia, plantea las diferencias funcionales entre el cerebro femenino y el masculino:

<<El cerebro de los hombres está hecho de pequeñas cajas y tenemos una caja para todo: una para el auto, una para el dinero, una para el trabajo, una para los amigos, una para la mujer, una para los hijos, una para la suegra en algún lugar del sótano… Y la regla es: Las cajas no se tocan entre sí. Cuando los hombres hablamos de un tema determinado vamos a esa caja en particular, la sacamos, la abrimos y discutimos solo sobre lo que está en ella. Luego la guardamos con mucho cuidado para que no toque ninguna otra de las cajas.

El cerebro femenino es muy distinto. Es una gran bola de cables y todo está conectado con todo. El dinero está conectado al auto, el auto al trabajo, los niños a tu madre… Es como la súper autopista de Internet, conducida por una energía que llamamos ‘emociones’. Esta es una de las razones por las que las mujeres tienden a recordarlo TODO. Si tomas un evento y lo conectas a una emoción, se plasma en la memoria y podrás recordarlo para siempre. Lo mismo pasa con los hombres solo que no tan a menudo, porque francamente, no nos importa.

Los hombres tenemos una caja en el cerebro que la mayoría de las mujeres ni siquiera sospecha. No contiene nada. Y de todas las cajas que los hombres tenemos en el cerebro, la ‘caja de la nada’ es nuestra favorita. Si el hombre tiene la oportunidad, siempre recurrirá a ella. Es por eso que podemos hacer cosas típicas de zombis durante horas, como ir de pesca o estar frente a una TV zapeando de un canal a otro. Tenemos la habilidad de pensar en nada y aun así respirar. ¡Las mujeres no pueden hacerlo! Su mente nunca se detiene. No entienden la ‘caja de la nada’ y las vuelve locas. Pocas cosas las irrita más que ser testigos de un hombre haciendo nada. Algunas dicen:

— ¡Oh!, ¿puedo ir a esta ‘caja de la nada’ contigo?

—­­ ¡Nooo!

— ¿Por qué no?

— ¡Porque entonces ya habría algo!

Además entrarían y dirían:

— ¿Sabes? Este lugar necesita algunas fotos… una mesita acá, unas flores allá…

—¡No! ¡Fuera! No queremos nada.

También está la forma como los hombres y las mujeres manejan el estrés. Cuando un hombre está estresado solo quiere ir corriendo a su ‘caja de la nada’, esta es la forma en la que nos balanceamos. Lo último que queremos es hablarlo, ¡y esto las vuelve locas! Una mujer ve al hombre en ese estado vegetativo y le pregunta:

— ¿En qué estás pensando?

— En nada.

— ¡Tienes que estar pensando en algo!

— Nada, al menos hasta que llegaste…

Cuando una mujer está estresada tiene que hablarlo o su cerebro literalmente ¡explota! Y conozco hombres que huyen de sus esposas cuando se ponen así. Yo les digo:

— ¿Por qué huyes?

— Porque no sé qué decirle.

— Por Dios, no tienes que decirle nada. Ella no quiere que le digas nada.

Los hombres se sienten obligados a solucionarles sus problemas porque eso es lo que hace un hombre. Un hombre solo le cuenta sus problemas a otro para que lo ayude. Pero la mujer no es un hombre. Si tratas de ayudarla ¡te matará! No quiere tu consejo, no quiere tu ayuda, ¡quiere que te calles y escuches!

Las mujeres son más complicadas que los hombres. Ellos son más simples:

1.  No es suficiente con pedirle las cosas a un hombre una sola vez.

2.  Pídele las cosas de manera adecuada. No funciona el insulto y la descalificación. Muchas mujeres creen que ofender a un hombre lo motiva a hacer algo. Eso no va a funcionar: “¿Qué pasa contigo? ¿No eres capaz ni de recoger tu ropa del piso?”.

3.  Hay que ‘entrenar’ a un hombre con reforzamiento positivo. Si hace lo que quieres, le das una recompensa. Si no hace lo que quieres, no le das la recompensa. ¡Pero no lo pateas! ¿Cómo recompensa una mujer a un hombre? Muy simple: Apreciando las patéticas cosas que hace. Porque los hombres adoran ser apreciados. El problema es que las mujeres suelen apreciar solo las acciones extraordinarias inesperadas. En cambio, no aprecian ni reconocen aquello que esperan que el hombre haga. Mientras más aprecio muestre una mujer por las cosas buenas que hace un hombre, más y mejor las hará. El hombre adora sentirse apreciado.

4.  ¿Cómo puede ganar puntos la mujer frente al hombre? El sexo es una manera. Pero hay otra: creer en él (a pesar de todas las ideas estúpidas que se le ocurran). Algunas mujeres creen que Dios les dio la responsabilidad de fomentar la humildad en su hombre, porque cada vez que sale con una nueva idea le dicen: “Eso no va a funcionar, nunca podrás lograrlo…”. Hablarle así a un hombre le causa un daño increíble tanto a él como a su relación. Los hombres tienen un ego muy frágil. Parecen duros por fuera, pero lo cierto es que no pueden manejar bien el rechazo. Por eso cuando comparten sus sueños con una mujer que los desprecia o desalienta, les hace mucho daño. Eso no quiere decir que no deba retar sus ideas y cuestionar algunos puntos, pero su esposa debe ser su fan número uno. De no ser así, concluirá: “No puedo compartir mis sueños con esta mujer.” Y cuando accidentalmente se tope con otra que lo escuche y le diga “qué buena idea… lo hiciste muy bien”, estarán en serios problemas. La mayoría de las aventuras extramaritales no comienzan por motivos sexuales, sino por motivos emocionales.

5.  La clave del éxito en un matrimonio es empoderar al hombre para que logre cambiar las perspectivas femeninas. La mayoría de las mujeres están afectadas por los conceptos romantizados acerca del matrimonio. Piensan: “Si de verdad me amas deberías hacer esto o lo otro… Si de verdad te importara bla bla bla…”. Muchas mujeres pretenden vivir en esta falsa tierra de la fantasía. >>

Las diferencias entre el cerebro masculino y el femenino no tienen nada que ver con el coeficiente intelectual, pero sí con la forma de razonar. La mujer tiende a preocuparse por TODO. Piensa más en totalidad, es quisquillosa y siempre está elucubrando porque cada detalle forma parte de un todo. Su hemisferio predominante trabaja paso a paso, lógicamente. El hombre, en cambio, es más práctico, trabaja por imágenes: una y otra, y otra más. Esa es la causa por la que un hombre sin códigos morales puede tener aventuras extramatrimoniales con mayor facilidad: se trata solo de satisfacer una necesidad, sin pensar en las consecuencias. Para la mujer no. Está consciente que cada acción forma parte de un todo: no disocia con facilidad. El hombre sí.

Conocer estas diferencias nos ayuda a comprender mejor a nuestra pareja y a manejar de manera más inteligente nuestra relación.

 

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