Ya desde hace unos buenos años, quedó claro que los estudios a nivel licenciatura son apenas una base de lo que un buen profesionista necesita para desempeñarse a buen nivel en el mundo del trabajo. Las maestrías, los masters, las especialidades, los doctorados y hasta postdoctorados son lo que sigue.
En cada vez más profesiones, la competencia para tener un buen puesto laboral o académico se vuelve más compleja, ya que se ha creado una sobreoferta de graduados, que al terminar sus estudios universitarios no encuentran empleo. Esto a pesar de que el mundo universitario está creando nuevas carreras para un ambiente laboral más diversificado o especializado.
Así, la manera de tener una ventaja competitiva es continuar estudiando tras terminar una licenciatura. La oferta académica de postgrado es así algo creciente, en donde hay desde estudios realmente avanzados, con alta calidad académica en universidades e instituciones de enseñanza superior, hasta auténticas fábricas de títulos de maestrías y doctorados que no educan al profesionista, lo engañan haciendo como que le enseñaron.
Son lo que en México llaman «escuelas patito», negocios a costillas del joven que desea prepararse mejor, y que termina sus estudios y se estrella con la realidad de que prácticamente no le enseñaron nada, que tiene un título sin contenido. Estas fábricas de títulos incluyen en realidad desde la preparatoria o bachillerato, hasta las licenciaturas y postgrados.
Así que el graduado o estudiante que está cercano a terminar su licenciatura, debe analizar, con la mejor ayuda o asesoría que pueda conseguir, las opciones realmente valiosas para continuar su formación profesional de postgrado, en especialidades, masters o maestrías (el doctorado vendría después).
Una recomendación que recibí en mi carrera, fue de iniciarse en el mundo del trabajo profesional, para tomar algo de experiencia y así valorar mejor los cursos de postgrado. La opinión del maestro era que salir del salón de clase de licenciatura para entrar al de maestría, hacía que ésta fuera como una extensión de lo anterior. Escuché otras opiniones en el mismo sentido de personas tanto del medio académico como del profesional en ejercicio.
Creo que esta recomendación puede ser casuística, ya sea porque en algunas carreras profesionales los estudiantes se involucran en la profesión mientras estudian o porque se da la oportunidad de continuar estudiando al salir de la universidad. A veces quienes inician su vida laboral ya no se preocupan en salir para volver a las aulas en postgrado, lo dejan para un después que no llegará. Algunos optan también por estudiar una segunda carrera a nivel licenciatura.
Para quienes sí se interesan en continuar estudios de postgrado en algún momento, mi mejor recomendación, compartida con muchas personas, es salir del país y hacer el postgrado en otro diferente. Pero hay que ser muy selectivos, tanto de la nación seleccionada como de la institución de enseñanza a la cual inscribirse. En el mundo hay todas las calidades de escuelas: malitas, mediocres, buenas y excelentes, ¡cuidado!
Otra recomendación importante es examinar cuidadosamente lo que se piensa estudiar en postgrado: el plan de estudios, la compatibilidad con lo ya aprendido, las preferencias y destrezas personales, el idioma y el reconocimiento de los estudios para las leyes nacionales, entre otras cosas.
Pero ¿por qué en otro país? Por varias razones, a veces porque las mejores instituciones de lo que se desea estudiar son extranjeras bien conocidas. Hay universidades que se recomiendan solas, se han ganado su prestigio a través de los años, y están en determinados países, generalmente en «los desarrollados», es decir en Europa, Japón, Estados Unidos y Canadá. Para Latinoamérica, hay especialidades bien identificadas de tal centro de estudios en tal país, con gran prestigio.
Otra razón es la convivencia en una cultura diferente. Se aprenden muchas cosas, sobre la vida, los valores, la historia, la política. Convivir con jóvenes de otras nacionalidades en una experiencia extremadamente valiosa. También se aprenden otros idiomas, puerta a otras culturas y formas de ver la vida, ya que el lenguaje es algo más que entenderlo, leer, hablar y escribir.
Muy importante es conocer la forma en que nuestra profesión es vista, estudiada y practicada en otras culturas. Aprender la importancia y enfoque de las materias que integran el currículum académico y el equilibrio diverso que puede haber frente a nuestra propia universidad de procedencia. Todo ello nos ayuda a aprovechar mejor nuestros estudios de postgrado.
Decía un maestro italiano en el Tec de Monterrey (mi alma mater) que nos fuéramos un año a Europa. Como en la vida estudiantil siempre hay una prisa por terminar e irse a trabajar, «realizarse» profesionalmente, agregaba, pueden pensar que pierden un año, pero ganarán años de madurez. Cierto.
Tuve la agraciada experiencia de pasar por todo eso, al haber gozado de una beca para estudiar en una de las mejores universidades del mundo, la Universidad Católica de Lovaina, y puedo decir que es más lo que se aprende en la convivencia con otras culturas que lo expuesto en la cátedra. Convivir con estudiantes latinoamericanos nos abrió, a mí y a otros, una visión mucho mejor de la realidad latinoamericana que la que llevaba desde México.
Tratar con estudiantes belgas, de ambas etnias, la valona de origen francés y la flamenca, vivir en un mundo bilingüe y bicultural resultó valioso, pues el Reino de Bélgica está hecho de dos culturas diferentes, con sus ventajas y sus grandes desventajas; eso dio mucho que aprender.
Una particular experiencia con los estudiantes «nativos» fue el apreciar cómo aquellos que habían pasado tiempo en el extranjero, tenían una visión del mundo mucho más amplia que los que nunca viajaron más que de turistas.
Mucho me sirvió convivir con españoles, portugueses, estadounidenses, italianos, hindúes (con su extraño inglés), además de los belgas.
Años después, tuve una excelente experiencia similar en Canadá, al participar en el mejor curso para ejecutivos, en la Escuela de Administración Avanzada de Banff, tanto académica como humanamente hablando. (Becado también).
Otra experiencia, que nos puede ser muy útil, es conocer directamente la forma en que nuestra patria es vista por extranjeros, cómo la identifican, qué tanto saben de ella y colaborar, en nuestras conversaciones y participación en clase, a que conozcan mejor la realidad de la que venimos. Como otros latinoamericanos, tuve que pelear frente al menosprecio muy generalizado que en Europa tienen de América Latina.
Algo importante descubrí tras Lovaina y que les cuento como anécdota. Ya trabajando en México, en el mundo bancario, conocí a un ingeniero argentino, que colaboraba en una empresa regiomontana. Me dice un día, «Sr. Reding ¿Qué opina sobre sus estudios en Europa?»
«Mire ingeniero», le respondí: «que mi escuela, el Tecnológico de Monterrey, es una excelente universidad. Aprendí que los graduados del Tec nos desenvolvíamos en las mejores universidades del mundo en igualdad de formación académica que los demás del mundo ‘desarrollado’.»
Sonrió y me dijo que tenía la misma experiencia. «Estudié en la Universidad de Buenos Aires, y al llegar en Nueva York a la Columbia University, descubrí que mi complejo de venir de un país subdesarrollado era infundado. Sabía lo mismo que mis compañeros americanos, vi que mi universidad era muy buena».
Pero, me dirán, ir a estudiar al extranjero y a una buena escuela cuesta mucho dinero. Cierto, pero para eso están las becas. Aunque a muchos les parezca difícil obtener alguna, puedo decirles que en el mundo de la diplomacia hay muchas, muchas becas disponibles, y que a veces se quedan porque nadie las solicita. Hay que investigar y solicitarlas. Con una en la bolsa, el problema de volver a estudiar se resuelve, ya sea modesta o muy cómodamente (mi beca belga era «buena» como estudiante graduado).
Los estudiantes de grado deben mirar al mundo extranjero del postgrado como algo natural, y aprovecharlo con la enorme ventaja de aprender mucho de la vida, al vivir en otro medio cultural; buscar la mejor opción de posgrado a la que podamos aspirar, solicitar la beca y la inscripción (a veces lo más difícil). Si se hace bien, todo estará resuelto, para regresar a la patria y a la familia con un gran bagaje académico y humano. Ésta es la diferencia con un buen posgrado nacional (en donde también hay extranjeros, por cierto).
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