Es por muchos conocido el problema demográfico que está por acaecer en algunos países del mundo, especialmente en los europeos y en varios asiáticos.

Según las estadísticas, parecía que la población seguiría creciendo más y más; sin embargo, mientras que la ONU anunciaba que el mundo había llegado a los siete mil millones de habitantes, Rusia ofrecía un equivalente de nueve mil dólares a las mujeres que tuvieran un segundo hijo (cf. Informe Semanal de Política Exterior, noviembre de 2011).

Caímos poco a poco en la utilización de distintas ‘medidas estratégicas’, y hasta obligatorias y violentas en el caso de algunos países asiáticos como China, para ‘controlar’ el número de hijos por matrimonio; medidas que a la larga están resultando contraproducentes para el género humano.

Como resultado, la tasa de dependencia se ha incrementado y hay países en los que va a ser muy difícil renovar la población envejecida, porque por evitar algunas ‘molestias’ y el desembolso que implican los hijos, la población activa es cada vez menor por haber ignorado que el crecimiento demográfico es plenamente compatible con un desarrollo integral y solidario, a nivel familiar y social.

El caso de Italia es ilustrativo de lo que está pasando y que puede suceder también en otros países. El veinte por ciento de los italianos tiene 65 años o más. Según el Wall Street Journal, Italia tiene más pensionistas que trabajadores en activo y gasta el catorce por ciento del PIB en pensiones; mucho más que cualquier otro país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Las generaciones activas actuales y las que están por venir, tendrán que pagar por muchos pensionistas, cosa que a nadie le agrada.

En el caso de China, por ejemplo, en diciembre pasado se hizo una enmienda a la Ley de Protección de los Derechos e Intereses del Adulto Mayor, que obliga a los familiares que viven separados de los adultos mayores a visitarlos con frecuencia. Esta nueva cláusula se debe a que la creciente población de personas de la tercera edad está cada vez más descuidada. A través de esta ley, podrán proceder legalmente contra sus hijos acusándolos por abandono.

Es un hecho que los adultos mayores que en China eran tradicionalmente reverenciados, ahora son olvidados. Son muchos los casos de abandono y de mal trato.

Gracias a más de tres décadas de una política de ‘un solo hijo por matrimonio’, hoy ese hijo único es el responsable de cuidar a sus papás y a sus abuelos maternos y paternos, lo cual es una grave carga financiera para una sola persona.

Lo que se pretende con la reforma a la ley es que sirva como recordatorio de las obligaciones tradicionales hacia los padres y de la necesidad de atenderlos emocionalmente. Pero el hecho de que se requiera una ley, muestra la dificultad para mantener las ‘obligaciones tradicionales’ en una estructura familiar revolucionaria.

El National Committee on Ageing estima que un tercio de la población china tendrá más de sesenta años en 2053 y necesitarán más que atención emocional. Si su hijo no puede darles apoyo material, lo demandarán del gobierno, a lo cual tienen derecho porque fue el gobierno quien los privó de tener una ‘familia natural’.

Finalmente, habrá que reconocer que el problema puede tener raíces más profundas; quizás en cuanto al valor que se le da a la familia. Hará falta redescubrir que lo mejor es no dejarse llevar por un egoísmo sutil al planear o imponer el número de hijos, no poniendo al ser humano a merced de la economía, sino a la economía –en la medida de lo posible- al servicio del hombre.

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