El Nuevo Pontífice, que eligió como nombre Francisco I, es el primer latinoamericano en convertirse en Papa, y el primer jesuita.

Fue electo en la 5ta votación del conclave, y el humo blanco apareció en la chimenea de la capilla Sixtina el miércoles 13 de marzo. Más de una hora pasó antes de que el cardenal Jean-Louis Tauran apareciera en el balcón central de la basílica de San Pedro para hacer el tradicional anuncio: “Habemus papam!”

Tras otra larga pausa, apareció el nuevo Papa, recibiendo un fuerte aplauso de las más de 200 mil personas reunidas en la plaza de San Pedro. En sus primeras palabras pidió a la multitud una oración por el Papa Emérito Benedicto XVI;  luego, en un acto de humildad, le pidió su bendición a la gente antes de dar su bendición Urbi et Orbi.

“Y ahora permítenos comenzar este viaje, el Obispo y la gente, este viaje de la Iglesia de Roma que preside en caridad sobre todas las Iglesias, un viaje de hermandad en el amor, de mutua confianza”, dijo el Santo Padre antes de dar su bendición. “Permítenos orar siempre unos por otros.”

El cardenal Tauran anunció, y el Nuevo Papa confirmó, que todo aquel que recibiera la primera bendición apostólica del Papa –fuera en persona o a través del radio, la televisión o la transmisión por Internet– recibiría la indulgencia plenaria, sujeta a las condiciones habituales.

A sus 76 años, el Papa Francisco I tiene la edad suficiente para haber presentado su renuncia como arzobispo de Buenos Aires, tal como lo marca el derecho canónico. El Papa Benedicto XVI decidió no aceptar su renuncia. La edad del prelado argentino era la principal razón por la que no ocupaba un lugar prominente en la lista de posibles papables.

De acuerdo con varias fuentes, el cardenal Bergoglio ganó 40 votos en el conclave de 2005, emergiendo como un líder alternativo al cardenal Ratzinger antes de que este último fuera electo como Papa Benedicto XVI. El prelado argentino no quiso comentar  acerca de la votación en el 2005, diciendo que estaba confundido y un poco herido ante el hecho de que alguien hubiera violado el compromiso de secrecía del cónclave.

Aunque algunos observadores vieron en aquel entonces al cardenal Bergoglio como una alternativa “liberal” al “conservador” Ratzinger, lo cierto es que el prelado argentino no se ajusta al molde liberal. Se ha mantenido firme en su defensa de las enseñanzas de la Iglesia en temas controversiales como el aborto y la homosexualidad, provocando la ira de los políticos radicales en Argentina. Ha puesto distancia de por medio con sus hermanos jesuitas que promueven una agenda política de izquierda, y mostrado una fuerte simpatía por el movimiento argentino “Comunión y Liberación”.

 

Aun así, el nuevo Pontífice ha mostrado habilidad para ganarse el apoyo desde los diferentes polos del mundo católico. Es conocido por su humildad, manifestada en su decisión de viajar en transporte público, vivir en un modesto apartamento y cocinar su propia comida. Tiene un profundo compromiso de ayudar a los pobres y una pasión por la evangelización.

Al adoptar el nombre de Francisco, el Nuevo Papa ha mandado un dramático mensaje, apelando a los millones de personas devotas a uno de los santos más populares del mundo católico. Que el primer pontífice jesuita avale la espiritualidad franciscana, es tan impactante como el hecho de que un argentino haya sido nombrado Obispo de Roma.

Nacido en Buenos Aires el 17 de diciembre de 1936, Jorge Mario Bergoglio ingresó en la Compañía de Jesús en 1958 y fue ordenado sacerdote en 1969. Se convirtió en Obispo auxiliar en Buenos Aires en 1992, en coadjutor en 1998, siendo eventualmente instalado como arzobispo en 1999. Fue ascendido al Colegio Cardenalicio por Juan Pablo II en 2001.

Aunque ha servido su entero magisterio en Argentina, el nuevo Papa es bien conocido en el Vaticano. En el tiempo de su elección al Papado era miembro de las Congregaciones del Divino Verbo, entre otras; del Concilio de la Familia; y de la Comisión Pontificia para Latinoamérica. Sirvió como relator general para el Sínodo de Obispos en octubre del 2001, después de que el prelado que originalmente estaba citado a ese evento, el cardenal de Nueva York Edward Egan, partiera precipitadamente a casa tras los ataques terroristas del 9/11.

En sus primeras palabras públicas como Papa, hablando desde el balcón de la basílica de San Pedro, el Papa Francisco I remarcó que el conclave tenía el deber de elegir un Nuevo Obispo de Roma. “Parece que mis hermanos cardenales han ido casi hasta el fin del planeta a encontrarlo”, bromeó, “pero aquí estamos”.

Más tarde, después de dar su bendición Urbi et Orbi, el Papa se dirigió de manera sencilla a la multitud. “Nos veremos pronto”, dijo. “Mañana deseo ir a pedir a nuestra Señora que proteja a Roma. Buenas noches y que duerman bien.”

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