A todos, en algún momento, se nos ha revelado nuestra existencia 

como algo particular, intransferible y precioso…

Despertar a la historia significa adquirir conciencia de nuestra singularidad, momento de reposo reflexivo antes de entregarnos al hacer.

Octavio Paz

 

El Colegio Miraflores de México es la suma de miles de historias personales que se entrelazan hoy en un lugar común, del cual cada protagonista evoca aquello que le resulta más significativo y entrañable.

Así yo, con las imágenes que guardo en mi memoria, repaso las paredes de ladrillo; las aulas de amplias ventanas que permiten ver el mundo; el mágico patio central, moderna interpretación de los antiguos monasterios medievales, que igual se convierte en templo que en museo o escenario de fastuosas fiestas; el imponente domo cuadrado de superficie bruñida en que la luz reverbera, que cual faro muestra el camino a los alumnos cuando aparece en su horizonte; las gradas del patio, desde las que se puede ver un partido o al primer amor pasar; la capilla, escondida, reservada, pero siempre disponible para quien busca un espacio privado con Dios en medio del bullicio… y en cada rincón descubro pasajes de mi vida.

 

En esa visión, hasta los momentos más dramáticos de mi infancia y mi adolescencia se convierten al cabo en divertidas anécdotas. Gran parte de lo que sé y lo que soy tiene aquí su origen.

El Miraflores es hoy un crisol en donde se funden los sueños de miles de niños que han pasado por sus aulas; de tantos padres de familia que ahí han puesto su confianza; de cada maestro que siembra y espera; y ante todo, de las Esclavas de la Santísima Eucaristía y de la Madre de Dios, que han soñado lo imposible y lo han hecho realidad, replicando el sueño de su fundadora, la Madre Trinidad:

 

“Construiremos un colegio, el más bonito del lugar… un colegio donde todos los niños se sientan queridos y en casa; donde, de la mano de María, aprendan a amar a Cristo; a caminar con paso firme, siempre mirando hacia el futuro; a buscar la verdad; a ver por los demás; a ser fieles a un ideal; a saber que Dios es el creador, arreglista y compositor de la verdadera melodía que da sentido a su existencia; y a convertirse en peregrinos que vayan dejando un testimonio cristiano en cada paso de sus vidas.”

El Colegio Miraflores encierra el gran encanto de su historia. Esta magna obra y todas las que de ahí han emanado, son el mejor argumento del aval divino con que ha contado la Congregación en México. De su peregrinar por tierra guadalupana, que comenzó hace más de sesenta años, las Esclavas pueden dar buena cuenta a Dios porque su misión ha dado frutos.

 

Con motivo del XXX Aniversario del Colegio Miraflores La Herradura, tendrán lugar importantes eventos conmemorativos a lo largo del año. Comenzamos compartiendo con nuestros lectores un emotivo agradecimiento que extendió la Madre Salud Conde Nieto, directora del Colegio Miraflores, a todas las personas cuyo apoyo ha hecho posible esta gran obra:

“Les hago llegar estas palabras, nacidas del corazón, para agradecer la respuesta tan significativa de toda la Comunidad Educativa. Todo esto es obra de ustedes, colaboradores y amigos.

Quiero empezar por reconocer su apoyo a las Misiones que patrocinamos en México -trece centros en Chiapas y la Sierra de Puebla- y otras partes del mundo – África, Europa y Asia-, así como a nuestras diferentes obras sociales, entre las que están la Guardería Madre Trinidad, el Colegio Ángel Matute y la Obra Social Ángel Matute.

Quiero destacar la labor de los miembros de la actual Mesa Directiva de Padres de Familia así como de las anteriores, cuyo compromiso y entrega ha sido una constante en estos años. Y cómo no, hacer un reconocimiento a todas las madres de familia por su cooperación en todas las actividades del Colegio, y a los padres de familia, que juegan un papel prioritario en la educación; en especial a las mamás representantes, dispuestas a participar en todo lo que se requiera.

Nos sentimos especialmente orgullosos de los exalumnos que dan prestigio al nombre de su colegio, gran parte de los cuales continúan en unión y comunicación entre sí. En especial agradezco la entrega de los exalumnos misioneros; de las exalumnas que desinteresadamente colaboran en los retiros espirituales, junto con el P. Javier, sor Isabel y sor Fátima; y de quienes integran la Asociación de Exalumnos Miraflores (EXALMI).

Agradezco el entusiasmo de las integrantes de la revista Mira, el Comité de Prensa, el Comité de deportes y, en particular, los miembros del Patronato, porque su entrega y cariño incondicional siempre nos acompañan.

Quiero hacer un reconocimiento muy especial a nuestras Autoridades, porque su apoyo ha hecho posible el crecimiento de esta comunidad educativa.

No puedo dejar de mencionar a mis queridas hermanas en Cristo, pues sin su amor y comprensión sería más difícil afrontar los retos de nuestra Misión.

No olvidemos que el Miraflores está valorado como un colegio de excelencia. Y esto es posible gracias a que todos nos empeñamos en seguir construyendo una comunidad educativa participativa y corresponsable. Sigamos unidos en la oración, ya que como decía Juan Pablo II: Familia que reza unida, permanece unida.”

 

M. Salud Conde Nieto

 

 

Compartir