Las familias ya no son como antes. Las hemos cambiado para adaptarnos a las nuevas circunstancias del entrono. Ya no tenemos el mismo número de hijos que nuestros abuelos, la edad en que las parejas contraen matrimonio es diferente, antes se casaban más jóvenes, los papeles de cada uno de los integrantes, los tiempos y modos de convivencia se han modificado. La familia ha sufrido, quizá como ninguna otra institución, la acometida de las transformaciones amplias, profundas y rápidas de la sociedad y de la cultura.

Muchas familias han incorporado estos cambios de forma natural y viven esta evolución permaneciendo fieles a los valores que constituyen el fundamento de la institución familiar. Se aman, se ayudan, se cuidan, se procuran. Logran la armonía.Otras, en cambio, se sienten frágiles, con incertidumbre y  desanimadas. Dudan respecto al significado último y a la verdad de la vida conyugal y familiar. En esta confusión, se alejan, se separan, se destruyen, se pierden, se desintegran.¿Qué hace que algunas familias se desintegren y otras permanezcan unidas?

Marisol Gómez García nos plantea de forma inteligente y accesible la respuesta en su libro: ¿Hablamos o nos comunicamos? Los problemas de la familia empiezan y terminan con la comunicación. Las relaciones humanas se nutren o se destruyen si no existe una comunicación clara. Hablar es emitir palabras que se quedan suspendidas en el aire, sin destinatario, sin esperar respuesta. Comunicar es enviar un mensaje y esperar respuesta, es interactuar, es atender y entender al otro. Si no nos relacionamos de manera adecuada el vínculo de parentesco no será suficiente. Las relaciones familiares deben ser fuente de alegría pero si el vínculo está roto, si existen fallas al interactuar, se convierten en pozos de profunda tristeza.

Al relacionarnos en familia debemos buscar compartir lo bueno de cada uno buscando el beneficio del otro, porque si se comparte lo malo de uno mismo, sólo se perjudica. Cuando se busca imponer, los miembros se alejan, se impide el crecimiento, se bloquea la iniciativa y las personas se convierten unas en objeto de la voluntad del otro. La familia, en palabras de la autora, debe ser esa comunidad amorosa en la que se encuentre el respaldo, el cariño y el amor que propicie el desarrollo de sus integrantes.

Marisol aborda los temas de comunicación en familia y los sustenta en la comunicación conyugal como primer escalón. Una vez conquistado ese peldaño sigue la comunicación con los hijos. Nos habla de la comunicación en la infancia, en la adolescencia y la comunicación entre hermanos. Concluye con una metáfora maravillosa: un tren de vapor. En un principio la máquina estará formada solamente por la pareja matrimonial y, al llegar,  cada hijo constituirá un vagón con características únicas e irrepetibles, con una misión especial, diferente e igualmente importante. Los conductores serán los esposos, un par que constituye un nosotros, unidos para que cuando uno esté cansado, desanimado, débil, el otro pueda seguir con la marcha. El tren iniciará un viaje cuyo destino será alcanzar la plenitud y la felicidad de cada una de sus partes.

El lenguaje es claro y sencillo, da ejemplos y consejos. Es el manual que siempre hemos querido tener a la mano cuando los problemas llegan.

Leer ¿Hablamos o nos comunicamos? Nos da la seguridad de que el reto de vivir y formar una familia es posible. Es un libro de consulta que nos enseña a construir el andamiaje de una estructura familiar sólida. No es un libro romántico, es un libro realista. Nos aclara y nos compromete.

Con pluma firme, a lo largo del libro, nos hace conscientes y responsables del compromiso libre y soberano que asumimos el día que decidimos formar una familia. Nos recuerda que en casa debemos fomentar todos los días aquello que impulse al amor para que crezca. Además nos dice cómo hacerlo: propiciando la generosidad, la ayuda mutua, el apoyo y el interés por aquellas personas a las que amo. Nos invita a luchar constantemente para vencer al egoísmo que es el peor enemigo del amor y el principal destructor de la familia.

Recomiendo ampliamente esta lectura, no sólo por su utilidad para la vida de todos los días. También porque conozco a la autora. Es una mujer de convicciones. Jamás se hubiera atrevido a recomendar algo que no pusiera en práctica. Al recorrer las páginas, casi la puedo escuchar. Sé que habla por experiencia propia, aconseja por lo que ha vivido. Si cómo dice el Maestro, por sus hechos los conoceréis, los hechos la apadrinan y sus resultados la avalan.

¿Hablamos o nos comunicamos? Es un libro útil y esperanzador para aquellos que nos queremos subir a ese tren de vapor del que habla Marisol.

¿Hablamos o nos comunicamos?

Marisol Gómez García

México, 2012.

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