La Razón – 12 febrero, 2013

La noticia de la renuncia del Papa Benedicto ha causado natural sorpresa porque en muy contadas ocasiones ha tenido lugar una abdicación papal. Las últimas noticias que los historiadores registramos son la renuncia de Celestino V en 1294 y la de Gregorio XII 1415, en ambos casos existían razones profundas. San Celestino era un ermitaño que quería crear una congregación dentro de la regla de San Benito. Cuando lo eligieron, duda durante varios meses si aceptar el cargo. Al final renunció pero no había sido consagrado Papa, de modo que es un caso dudoso. En el de Gregorio XII el problema estaba en el Cisma de Occidente y la renuncia del Papa era necesaria para restablecer la unidad de la Iglesia. Todo esto lleva a los historiadores a reconocer la gran importancia que tiene la decisión de Benedicto XVI anunciada hoy. Seguramente las razones se comunicarán en los días próximos o, tal vez, después de que se haya realizado la entrega de las funciones por parte del Papa el día 28 de febrero.

Ello no obstante, debemos aprovechar la oportunidad para destacar la enorme importancia que el pontificado del teólogo Ratzinger ha tenido en la historia de la Iglesia. Puede decirse que él ha cerrado la etapa postconciliar, ha abierto la Iglesia al mundo y ha recogido para ella adhesiones y, yo diría, entusiasmos superiores a lo que es normal. El pontificado queda como una de las más importantes dimensiones de la sociedad humana. Ello se debe no sólo a él sino a Pablo VI, Juan Pablo I y a Juan Pablo II, que pusieron remate a ese acontecimiento fundamental que es el Concilio Vaticano. Las generaciones que van a venir recogerán como un patrimonio esta herencia que se percibió con absoluta claridad en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Para España, el pontificado de Benedicto XVI reviste una gran importancia. Es como un incremento en la calidad de la vida religiosa en momentos especialmente difíciles y en ellos el Papa ha sabido salir con la profunda serenidad que da un espíritu superior indicándonos a todos el camino a seguir, que curiosamente coincide con uno de los más grandes santos españoles, San Juan de la Cruz, que acababa sus escritos con esta expresión: «Desengáñate, esta tarde te examinarán en el amor».

 

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