Rosario Marín es una mujer incansable que gracias al trabajo y a la fe ha visto muchos de sus sueños cumplidos, como el de convertirse en la primera Secretaria del Tesoro nacida fuera de los Estados Unidos; pero antes que nada, es esposa y madre de tres hijos, con 31 años de casada.

Considerada una de las mujeres latinas más influyentes del mundo, Rosario llegó a México para recibir el Premio Mujer Líder CEFIM* SABA y compartió los secretos de su éxito en esta conmovedora entrevista:

 

En tu libro autobiográfico “Líder entre dos mundos”, abres tu corazón:

– Escribir la primera parte fue muy difícil, pero era importante que dijera que fui abusada sexualmente cuando tenía cinco años. Detrás del glamour, de la firma de los dólares y las recepciones en la Casa Blanca, tuve que sobrevivir a todo lo que pasé. Una lo calla por tanto tiempo para evitar problemas y dolor, porque no quieres que tus seres queridos sufran. Ojalá que las mujeres que han pasado por algo así busquen la ayuda que yo no busqué, para que no lo lleven en sus hombros y corazón por años. Espero que digan: “No importa tanto daño que se me hizo, puedo salir adelante”. Si las mujeres habláramos más de esto, lo pararíamos. Nos callamos por muchísimas razones, pero si no lo quieren decir abiertamente, busquen ayuda profesional.

¿Cómo llegaste a los Estados Unidos?

– Llegué a los 14 años, un poco forzada, sin hablar una gota de inglés. Sabía que mis padres estaban haciendo un tremendo sacrificio para salir adelante. A los 15 años tuve que presentar una prueba de coeficiente de inteligencia para entrar al highschool. El promedio son 100 puntos y yo saqué 27. Todos se rieron de mí, pero yo no me sentí mal porque sabía que lo que pasaba era que no entendía el inglés, así que me propuse demostrar que yo no tenía 27 puntos de IQ. Me puse a dieta de inglés y tres años después me gradué con honores, entre los estudiantes más sobresalientes.

Esos logros académicos pudieron abrirte las puertas de la universidad…

– Nadie me dijo que con esas calificaciones podía obtener una beca. Así que cuando mi hermano y yo nos graduamos, mi madre me dijo: “Mira mi hijita, hemos decidido que como tu hermano algún día se va a casar y va a tener que mantener a una familia, él va a ir a la universidad y va a trabajar solo medio tiempo; como tú te vas a casar y te van a mantener, vas a trabajar tiempo completo para apoyar a la casa, y si quieres estudiar algo, lo haces en las noches.”

Siete años me tomó terminar mi carrera de Administración de Empresas y después hice una maestría. Ya para entonces estaba casada (su esposo también es migrante) y trabajaba en el City National Bank de Beverly Hills, donde empecé como asistente de recepcionista y fui ascendiendo, hasta que al cabo de seis años me iban a nombrar asistente del presidente. Compramos nuestra casa y automóviles. Solo faltaba un bebé.

Entonces, la vida perfecta dio un vuelco…

– Nació mi hijo Erick con Síndrome Down y otros muchos problemas médicos. Mi vida dio una vuelta tremenda. Estuvo a punto de morir seis veces en los primeros cinco años, con operaciones muy graves. La primera vez fue horrible, gritaba como loca pidiéndole a Dios que no se lo llevara, que si me lo dejaba iba a trabajar por él como nunca, que ya lo quería, que era mi hijo, que aceptaba el Síndrome Down y todo lo que viniera con ello. Dios me lo dejó una y otra vez; hoy tiene 27 años. Entre Erick y mi segunda hija, Carmen, perdí un bebé. Eso también fue muy difícil (más tarde nació Alex).

Rosario decidió no internar a Erick en una institución y siempre se ha ocupado personalmente de él. De hecho, su condición la inspiró para convertirse en embajadora de las personas con discapacidad mental. Fundó el primer grupo de apoyo para padres latinos con hijos Down, así como “Fuerza”, una organización dedicada a proveer servicios y apoyo a los niños con discapacidad mental.

¿Cómo empieza tu carrera política?

– Mi vida política empieza a raíz de Erick. El convertirme en abogada en pro de las personas como él, me lleva a trabajar para el gobernador de California, luchando para reformar el sistema y todos los servicios para personas con discapacidad. Me piden que sea consejal y luego me eligen alcaldesa de la ciudad de Huntington Park. Cuando me reeligen abrumadoramente, me conoce el entonces gobernador de Texas, George W. Bush, que contendía por la presidencia. Así empiezo a trabajar para su campaña, y cuando ya es presidente, me pide que sea la tesorera de los Estados Unidos, primera latina y primera inmigrante, un privilegio muy especial porque representaba un enlace más fuerte entre México y Estados Unidos.

Después hice historia al ser la primera latina en lanzarse para el Senado Federal, fue algo increíble; cuando eso no funcionó, el gobernador de Texas me pidió que fuera parte de su equipo y dos años después, me hizo parte de su gabinete, convirtiéndome en la primera mujer a cargo de la Agencia de Servicio del Estado y el Consumidor, con 16 mil empleados. Trabajamos muchísimo.

Si alguien me hubiera dicho en aquellos momentos de tanta angustia, cuando Erick se me estaba muriendo, que todo esto iba a suceder, no lo hubiera creído; pero todo ocurrió para que yo pudiera ayudar a cambiar la vida de tantísimas personas. Esa es la misión de Erick. Con el simple hecho de haber nacido, él cambió la vida de mucha gente.

 

¿Cómo afecta a la familia el nacimiento de un niño con Síndrome Down?

– Cuando te llega un bebé con discapacidad no es el hijo que tú esperabas; obviamente, eso hace cimbrar todas las fibras de tu cuerpo. A veces los matrimonios se separan porque no saben cómo lidiar con la situación, pero hoy día hay mucha ayuda; el potencial de estos niños es mucho mayor del que tenían hace 20, 30 ó 50 años. No se desesperen, aunque no lo puedan creer, este niño viene a reforzar su vida. Si le permiten hacer el trabajo que viene a hacer a este mundo, la familia se va a beneficiar muchísimo.

 

Como latina y como mujer, ¿has vivido en carne propia la discriminación en Estados Unidos?

– Yo quiero pensar que mi madre me bañaba en aceite de chiquita y por eso todo se me resbalaba, no se quedaba dentro de mí. Sí hubo dos o tres ocasiones donde yo sentí: “Estos piensan que yo soy mucho menos de lo que en realidad soy”. Hay personas que tratan de hacerte sentir menos y de ponerte en tu lugar. Pero yo siempre he estado convencida de que no soy más que nadie, pero tampoco menos, y esa convicción me hace entender que una persona así tiene problemas, y yo no voy a hacerlos míos. Si alguien cree que no soy competente, le demuestro que sí lo soy y de más, porque al final del día, el éxito es lo que calla a los demás.

 

¿Cómo le hiciste para que el poder no se te subiera al tener un puesto tan importante, que al cabo es temporal? La Casa Blanca era como tu casa. Luego de todo lo que viene con un cargo así… ¿cómo volver a tu realidad? Requiere una gran madurez que no todo el mundo tiene; el poder se sube a la cabeza y luego no lo pueden sacar.

– Mira, cuando el presidente Bush me hizo tesorera de los Estados Unidos, nunca pensé “es que yo soy magnífica”, sino “es que yo represento al migrante, a la mujer, a la madre de un niño con discapacidad, a la alcaldesa que está tratando de mejorar su ciudad, a la mujer que lucha todos los días para dejar este mundo mejor”. Al tomar conciencia de esto, comprendí que a través de mí honraba todo lo que yo represento.

 

Rosario, tú que viviste el sueño americano, ¿qué les dirías a los mexicanos que ven una solución en irse a trabajar a los Estados Unidos?

– Es muy difícil llegar legalmente y mucho peor llegar de manera ilegal; muchos hombres y mujeres se quedan en el camino… Los sueños y el éxito se pueden lograr donde tú estés. La situación ahorita es muy difícil para los migrantes, el desempleo es mayor en la comunidad latina, 10%, cuando aquí en México es del 4%. Ha habido una ola de latinos que se regresan a su país de origen. Algunos andan mendigando y están sufriendo bastante; el sueño se convierte en una pesadilla. Yo no los alentaría a irse ilegalmente; la separación es muy difícil, sobre todo para los niños y las mujeres, muchas familias se rompen.

Me preocupan muchas jovencitas que están muy metidas en el estudio, en el trabajo, en prepararse, y están posponiendo la maternidad, la familia. ¿Qué consejo les darías? ¿Cómo le hiciste tú?

– Todo se puede, pero requiere de mucho esfuerzo y balance. Como mujer eres más grande que los retos a los que te enfrentas, pero tienes que tener la convicción. La gente me pregunta “¿cómo lo logras?”. Es que Dios me dio un esposo magnífico, unos padres que me apoyaron muchísimo y unos hijos que entendían que estamos aquí para propósitos mucho más grandes que nosotros mismos. Tienes que entender que Dios te va a poner todo lo que necesitas alrededor para que tú logres tu misión.

 

¿Cambiarías algo de tu vida?

– Absolutamente nada. Yo creo que todo sucede como debe suceder, y saberlo me da mucha confianza y mucha calma. Antes yo rezaba para que pasara esto o no pasara lo otro. Cuando vi que todo lo que pedía no se lograba, me di cuenta de que Dios hacía otros milagros. Hoy día, cuando las cosas no salen como yo quiero, lo único que le pido a Dios es paciencia, inteligencia, tolerancia, sabiduría, y Dios, eso me da en abundancia.

 

¿Qué papel ha jugado tu esposo en tu éxito?

– Si mi esposo no hubiera sido como es, no creo que hubiera podido llegar a donde he llegado. Somos un equipo, hay que empalmar. Estamos aquí para apoyarnos el uno al otro. Alex es parte mía y yo de él, los dos formamos una familia. No te digo que ha sido todo color de rosa, ha habido momentos muy difíciles, pero lo hemos podido superar porque al final del día, estamos aquí para algo más grande que nosotros.

¿Qué mensaje les puedes dar a las mujeres?

– Si yo no hubiera sido tesorera hubiera sido boxeadora, porque si me tiran a la lona, yo me levanto. A las mujeres les digo: Dios está contigo, no obstante el daño que alguien te quiso hacer y los retos que debas enfrentar, con la ayuda de Dios puedes salir adelante.

 

 

* CEFIM es una organización que promueve un feminismo en equilibrio: mujeres que tengan características de liderazgo al tiempo que llevan una familia y una vida social ejemplar.

 

 

 

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