¿A qué santo debemos encomendarnos cuando falla la conexión a la Red o cuando parece que nuestra computadora aloja un virus? Como el Vaticano no ha decidido aún nada, haremos algunas propuestas; por lo menos para nuestra devoción personal.

Internet no se puede quedar atrás. Si queremos que llueva, recurrimos a san Isidro Labrador. Para los problemas de la vista está santa Lucía. Para los de garganta, el obispo san Blas, que mientras iba a su martirio curó milagrosamente a un niño que se ahogaba con una espina de pescado atravesada en la garganta. Para encontrar objetos perdidos, el intercesor es san Antonio (y también para encontrar al amor de la vida), aunque también a san José se le invoca para conseguir un buen marido. Pero, ¿a quién acuden los internautas cuando la señal es muy lenta o cuando no encuentran cómo destrabar el sistema? Por lo general, al ocurrir esos problemas informáticos no solemos decir palabras muy piadosas. Por todo eso, Internet necesita patrono que lo proteja de las inclemencias de la navegación.

Aunque la última palabra la tiene el Vaticano, algunos internautas han hecho algunas propuestas. Los candidatos son varios, pero hay uno que suena más. Se trata de san Isidoro de Sevilla, obispo de esa ciudad y prolífico escritor. La propuesta de convertir a este santo en patrono de Internet, la presentó hace años una organización denominada “Servicios de Observación de Internet” (SOI), a petición del Consejo para la Comunicación Social del Vaticano. San Isidoro fue un gran escritor y entre los trabajos que se le atribuyen está la creación de una gran enciclopedia de 20 volúmenes conocida como Etimologías. Su candidatura para proteger la Red se debe a que es considerado el primer creador de una base de datos. Hombre que se adelantó a su tiempo, escribió un diccionario con abundantísima información sobre artes liberales, teología, historia natural y temas que van desde la medicina hasta la arquitectura.

El Diccionario Oxford señala que el santo “tuvo un profundo impacto en la cultura y la práctica educacional de la Europa medieval. Sus obras fueron un depósito de conocimientos utilizados por innumerables autores medievales”. Sus Etimologías supusieron un puente cultural entre el mundo antiguo y la Edad Media.

Otra fuerte candidata para proteger Internet es santa Rita de Casia, abogada de las causas difíciles y desesperadas. ¿Cuántas veces nos sentimos impotentes ante la Red? ¿Quién será capaz de defenderse de un hacker? ¿Cómo impedir que el espacio cibernético siga siendo un inmenso depósito de perversión y pecado? Sí, el Patrono tendría que ser alguien acostumbrado a solucionar cosas en el límite de la desesperación.

Además de san Isidoro y santa Rita, está santa Tecla, quizá por la relación entre su nombre y el utensilio primordial para poder trabajar con una computadora: el teclado. Si al final fuera declarada con este título, lo alternaría con el de patrona de las mecanógrafas que ya posee.

El otro es san Pedro Regalado, que fue agraciado con el don de la bilocación.  Estaba el santo una madrugada cantando maitines en su convento del Albrojo, en Valladolid, cuando sintió gran deseo de venerar la imagen de Nuestra Señora de la Anunciación, del convento de La Aguilera en Burgos. Y allá se fue, sin que los otros hermanos lo advirtieran, a rezar a la imagen. Hay que considerar que la distancia entre los dos sitios es de 80 kilómetros y que en aquella época no había Ferraris.

La presencia en dos sitios (en realidad, en muchos) que posibilita Internet, es una de las razones que apoyan la candidatura de este santo. Aunque quizá no se lleve el título pues él sí estuvo físicamente presente en ambos lugares, lo que no ocurre con el mundo cibernético: la multipresencia es virtual; aún más: se dice que la Red acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca. Quizá a la postre no sea bueno insistir en la bilocación de san Pedro Regalado, porque si estamos en muchos sitios a la vez acabaremos por no estar en ninguno.

Pero parece que al final el triunfo se lo llevará un ángel. Tanto nos rebasa el mundo virtual que la protección requerirá más que un humano. Si Dios ha querido que los ángeles lo ayuden en el control del universo, no sería difícil que les pidiera también andar por los espacios cibernéticos, difundiendo por ahí junto con las ondas electrónicas, las Gracias de la Salvación. Entre ellos, mencionemos al arcángel Gabriel. De él se recuerda el anuncio que hizo a María referente a la Encarnación. Está nominado para ser Patrono de la Red precisamente por su carisma de mensajero, de anunciador. Internet es portadora de noticias, sucesos, información, conversaciones, mails, chats, foros…

La elección oficial la realizará en su oportunidad la “Sagrada Congregación para el Culto divino y la disciplina de los Sacramentos”. Vendrá, sin embargo, del sentido de fe del pueblo cristiano, como ha sucedido a lo largo de la historia. Eran los fieles en las aldeas, pueblos y ciudades, quienes acordaban nombrar a su protector divino. Más tarde, los papas establecieron reglas, pero las candidaturas siguen llegando de la base. Recientemente los motociclistas obtuvieron un Patrono, san Columbano, monje irlandés que viajó por Europa fundando monasterios. En octubre de 2000, Juan Pablo II declaró a santo Tomás Moro, patrono de los políticos.

A Internet le urge uno. Aunque quizá tendrían que ser varios o incluso ninguno, pues a lo mejor Dios prefiere tomar por Sí mismo las riendas del asunto porque ahí se juega hoy de modo tan central la salvación de los hombres, que quizá Él prefiera atender directamente la red informática. Entonces enviará a su Espíritu para que se cierna sobre cada hosting, cada sitio, cada página, cada blog, cada e-mail, cada cabeza y cada corazón que ingrese en el espacio cibernético, de modo que todo el mundo digital se convierta en instrumento de Salvación.

 

 

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