Políticos, servidores públicos, líderes de opinión y ciudadanos reconocen y admiran su trayectoria.

Como papá del Colegio Miraflores y esposo de nuestra querida exalumna Tere Toca, lo recordamos como un hombre íntegro, responsable y amoroso.

Enrique Krauze, en “La desventura de Alonso”, hace una apología compartida por muchos: “Yo quiero hacer el elogio del ser humano y del amigo. Su apostura no era solo un don externo: Alonso era un alma hermosa y extrañamente cándida. Aunque parecía un caballero español o un noble florentino, caminaba -lo estoy viendo ahora- con un desgarbo juguetón. En un medio como el nuestro, propenso a la maledicencia, Alonso cruzó las aguas sin manchar ni mancharse. Incapaz de la envidia, practicaba el reconocimiento crítico de los autores que le importaban.”

Destacado en todos los órdenes, Krause adelanta: “Sus alumnos harán elogio de Alonso Lujambio como un profesor puntual, informado y deslumbrante. Sus colegas recordarán al funcionario honesto, apasionado y eficaz que también fue. Los panistas deberán estudiar sus textos para recobrar el rumbo político y moral que les hace tanta falta. Y ojalá el público lea sus obras, no solo como piezas de sólida erudición en teoría legislativa e historia parlamentaria, sino como buenos trabajos literarios, y como esbozos del biógrafo que en su conmovedor libro de memorias familiares, comenzaba ya a ser… Mientras la enfermedad germinaba en su cuerpo, Alonso recurría con frecuencia a ella. “Venturosamente”. “Qué ejemplo inmenso de fortaleza y amor patrio has dado”, le escribí cuando tomó posesión como Senador de la República. A todos nos partió el alma su imagen final, maltrecha, estoica, digna, desventurada.”

Como dijo Leo Zuckermann en su artículo “Homenaje a Lujambio”: “… el cáncer finalmente se lo llevó. Seguro ya anda trabajando allá arriba, en el cielo, a favor de la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas celestiales. Aquí abajo, lo vamos a extrañar…”

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