Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que el oro fino.

Proverbios 3, 13.

Se acerca el fin de año y con él nuevos cambios en todos los órdenes: políticos, económicos, personales y sociales. Unas crisis se superan y otras surgen en una sucesión que parece no tener fin. Desde que tengo memoria he vivido en épocas de crisis, que han ido de los desastres de la guerra a los dramas de la economía. Vivir en crisis ha sido el destino de nuestras generaciones y quizá lo siga siendo en adelante, como uno de los costos de la globalización y de las constantes transformaciones de la vida moderna.

A fuerza de golpes y tropiezos hemos ido aprendiendo a vivir en crisis. La vida es una gran maestra y de una forma u otra, te enseña sus caminos. Las crisis nos dicen: “Por aquí…por allá…tienes que seguir aprendiendo”. A veces lo hace de forma comedida, como quien te toca el hombro para que voltees; a veces es más agresiva y te mete el pie o te da una zancadilla. Socialmente, puede ser un trance tan grave y complejo como el que hoy vive España y de los que México ha pasado varios; personalmente, puede ser una enfermedad, una quiebra, una pérdida, etc. Tiene tantas formas de decirnos: ¡“Despierta”! Si la vida es maestra, las crisis son lecciones y como toda lección, es enseñanza, oportunidad de aprender y de ser mejor: un poco más sabio.

En los colegios Miraflores queremos formar mujeres y hombres sabios, es decir, personas que aprendan constantemente, que estén en un desarrollo continuo de sus capacidades espirituales, intelectuales, emocionales y físicas, que como dice nuestro Ideario: “respondan con eficacia a las demandas de la sociedad cambiante, sin perder de vista los criterios de justicia y equidad, considerando nuestra identidad católica y la unión con Cristo”.


Eso nos posibilita, no sólo a lidiar con las crisis recurrentes, sino a superarlas, a aprender de ellas, rescatar su fruto y aprovechar la oportunidad que cada una representa. Las crisis son una forma disfrazada de bendición; son desafíos que nos obligan a sacar lo mejor que tenemos, a elevarnos por sobre la mediocridad y el conformismo, a trabajar duro para progresar, a tomar las mejores decisiones y asumir las actitudes más correctas. Quien supera una crisis resulta fortalecido.

Por supuesto que para ello, para alcanzar esa forma de conocimiento, debemos entender la educación como un proceso integral que no se limita sólo a las aulas, sino que implica todos los aspectos de la vida, como lo propone nuestro modelo educativo, desde el seno de la familia hasta las transformaciones sociales.

Crisis significa cambio y los cambios provocan inquietud, preocupación, miedo. Mientras más preparados estemos, mejor podremos superar esos temores y convertir cada crisis en una oportunidad. Como lo escribió la Madre Trinidad: “Las tempestades me animan, pues es cuando mejor se ama a Dios y me mejoro”, que es una manera de decir: “Las crisis me enseñan a amar mejor a Dios y a mi prójimo, como a mí mismo”.

Por eso, después de una vida de lidiar con ellas, le damos la bienvenida a las crisis. Estoy segura de que nuestros jóvenes sabrán hacer de cada una de ellas una oportunidad de superación personal y de ser
vicio social; para eso se preparan día con día y alcanzan esa forma de sabiduría que representa superar con éxito las crisis.

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