Leer puede ser un gran placer o un fastidio con mayúsculas. Todo depende de que sepamos apreciarlo; para ello, una de las claves es la armonía: la lectura tiene que ir en consonancia con nuestra vida. Mal irá la cosa si leemos a la fuerza, sin sentido o sin interés. La disfrutaremos en la medida en la que nos influya y enriquezca. Por eso tenemos que leer cosas que nos interesen, que tengan que ver con nosotros y nos alimenten.

Nuestra idea del mundo se forma, en buena medida, en razón de lo que leemos. Albert Einstein decía que la imaginación es más importante que el conocimiento; pues bien, ambos están en los libros. Por eso importa hacer una buena selección de esos textos, de acuerdo con nuestros propios gustos, intereses y necesidades; no hay mejor ni peor, sino el criterio personal.

¿Es más conveniente leer un clásico que uno de superación personal, un libro de ficción que uno periodístico, una novela que un ensayo, un libro académico que una revista? Depende de ti. Solo hay dos condiciones esenciales: que sepas qué quieres y que conozcas de qué tratan los textos.

Es bueno leer de todo, pero no por igual ni al mismo tiempo; así como el hambre se quita comiendo pero no es lo mismo comer solo postres o botanas que una comida balanceada, de la misma forma no nos alimenta igual una dieta de best sellers, por ejemplo, que una lectura balanceada; en el equilibrio encontramos el interés y la armonía. Aquí, algunas ideas para hacerlo:

1. Planea tu tiempo de lectura. No lo dejes al azar, como última opción o para tus ratos libres. Dedícale un tiempo diario, aunque sea breve, como haces con la comida. Crea una rutina.

2. Selecciona tus lecturas. Algunas obligatorias (académicas, profesionales, de consulta) y otras optativas (formación y entretenimiento). Infórmate y date tiempo para escogerlas.

3. Organiza sus contenidos. Pueden leerse uno o varios libros a la vez, pero es conveniente tener diversidad en los géneros (poesía, ensayo, etc.) y los temas (política, suspenso, etc.). En la variedad está el gusto.

4. Combina sus extensiones. Ya sea que leas una sola obra por vez o varias al mismo tiempo, es adecuado alternar obras extensas con obras breves (cuentos, artículos, etc.); se facilita su digestión.

5. Disfruta cada obra. Tenemos un menú prácticamente infinito de lecturas y cada una tiene su propio sabor. Hay circunstancias, ánimos y tiempos propicios para cada género; que se te antoje.

6. Relaciona los textos con tu realidad. ¿Qué tiene que ver lo que lees con el mundo en el que vives? En la medida de lo posible, fórmate una opinión personal sobre lo expuesto. ¿Quedaste satisfecho?

7. Asimila tus lecturas. Más allá de la satisfacción inmediata, el aprovechamiento de cada obra está en la buena digestión de las lecturas: reflexiona, anota, conversa y comparte.

8. No olvides a los clásicos. En tu cóctel de lecturas no olvides una pizca de clásicos; son los que asientan y estimulan a los demás.

Por cierto, de textos y comida, entre muchos: La pequeña ciencia de la salud, de Valentín Fuster (para niños de preescolar); ¿De dónde viene mi comida?, del SIAP (para niños y jóvenes); Mi vida en Francia, de Julia Child  o Wintergirls, de Laurie Halse Anderson (para más grandes).

¡Buen provecho!

 

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