Aunque cada universidad es distinta, hay consejos que aplican a todo el que esté empezando esta etapa, y son aquellos que me hubiera gustado escuchar cuando yo ingresé:

Cada día haz algo que te dé miedo. No hablo de cosas locas, vergonzosas o estúpidas. Sino algo que te empuje a ser mejor y a hacer mejor las cosas, que te haga estirarte para salir de tu zona de confort. Platica con el compañero de al lado, sonríe a alguien que se ve triste, levanta la mano en clase para contestar una pregunta de la que no estás cien por ciento seguro, inscríbete a una clase en el gimnasio, prueba un platillo nuevo, siéntate con un extraño en la cafetería, consulta a un profesor en su oficina, platica con el empleado de intendencia, etc. Involúcrate lo antes posible en las actividades de la universidad y desde los primeros días relaciónate con dos o tres grupos de personas a los que te gustaría pertenecer.

Lleva una agenda diaria. En la prepa tenías 7 horas de clases al día, por la tarde hacías tareas y practicabas algún deporte u otra disciplina extracurricular. De modo que con solo 3 ó 4 horas de clases diarias en la universidad, el tiempo te parecerá eterno. Pero no lo es. De pronto te sientes muy libre, pero la falta de planeación hará que te

veas haciendo un trabajo hasta la medianoche o la mañana siguiente.

Mantente firme en tus convicciones. Te encontrarás con compañeros y profesores que no estén de acuerdo contigo. Cuestionarán tus creencias, tu compromiso, lo que tú eres. No te acobardes. No cedas a la presión ni cambies. Explica tus convicciones y sostente en ellas, a sabiendas de que es muy raro que una conversación cambie la manera de pensar de los demás.

Recuerda de dónde vienes. Mantén el contacto con tu familia si estudias fuera de casa. Haz un esfuerzo para conectarte con nuevos amigos y por mantener el contacto con los viejos; el no poder convivir con tus amigos del colegio tan frecuentemente como antes no significa que sean menos importantes en tu vida.

Establece límites. Límites a ti mismo, por ejemplo, fiestas a las que asistirás y fiestas a las que no; cosas que harás y cosas que evitarás como a una plaga. Límites a los amigos, límites a las relaciones amorosas… Solo porque “todos” lo hacen no quiere decir que tú eres “todos” y debes actuar igual.

Estudia como si fuera tu trabajo. A pesar de cómo lo pintan las películas de Hollywood y lo que te cuenten tus primos y amigos, la universidad es un tiempo para estudiar en serio. Pocas personas tienen esta oportunidad y debes aprovecharla. Cuanto más fácil sea tu vida en esta etapa, más difícil será el resto de tu vida. Es tiempo de enfocarte en la profesión a la que esperas dedicarte. Durante los próximos cuatro años, tu empleo será estudiar. Hazlo buscando la excelencia.

Usa tu libertad con sabiduría. Si faltas a clases tus padres no serán notificados. Nadie mejor que tú sabrá cuán imprudente es desvelarse de fiesta cuando tienes clase de 7 o debes preparar un examen. Tampoco es sano que te encierres en la biblioteca como un zombie. Toma buenas decisiones, aquellas que te ayuden a convertirte en la persona que quieres ser.

Arréglate bien para ir a clases y vas a sobresalir. No solo durante las primeras semanas mientras se instala en ti la pereza. ¡Arréglate siempre! Si sabes que luces muy bien, es más probable que destaques, participes, prestes atención y aproveches las clases. Tómate el tiempo necesario para ir bien presentado cada día. Además, es una cortesía para tus profesores, una manera de darle la importancia debida a sus clases.

No compres la idea de que esta es la mejor etapa de la vida. Las cosas se pondrán mejor y mejor. Si la universidad fuera el epítome de la vida, eso implicaría una triste existencia durante los próximos sesenta años. Vive cada día al máximo, pero no con la angustia de pensar que el tiempo vuela y se acaba. Sé experto en decir “NO”. No necesitas probar, experimentar ni vivir “todo”. Acostúmbrate a negarte cuando te presenten malas ideas, y siéntete a gusto y seguro al hacerlo.

 

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