El primer ministro de China, Wen Jiabao, afirma que es prioritario realizar diez cambios en los países emergentes como el nuestro, así como eliminar los ‘factores hipócritas’ que insisten en ver el lado teórico de las leyes y no sus consecuencias prácticas y reales.

 

Trato a criminales

Un criminal no debe ser tratado como celebridad. Ninguna sociedad honesta y trabajadora merece vivir con impunidad. El castigo ejemplar para los criminales más peligrosos infunde temor al resto de los delincuentes. Eso se refleja de inmediato en la seguridad, y por ende, en la reducción del gasto público en esta materia. A largo plazo, también se refleja en la cultura y el comportamiento de las personas.

 

Castigo severo para los corruptos

Países como el nuestro tienen las tasas más altas de corrupción en el mundo porque no castigamos a los políticos corruptos. Por eso no hay altos burócratas arrestados por este flagelo que diezma las arcas públicas. La plaga de la corrupción es cada vez mayor porque no se toman medidas para frenarla. No hay razones para no robar.

 

Un país donde reina la impunidad es el sueño de los políticos corruptos y los delincuentes de cuello blanco, frente a una sociedad complaciente que mira impasible cómo hurtan el dinero de su propio bolsillo.

Quintuplicar la inversión en educación

Un país que quiere crecer debe producir los mejores profesionales del mundo y esto solo es posible si el Estado quintuplica la inversión actual en educación; de lo contrario, el país se quedará estancado sin formar y aprovechar los talentos que tiene. Si no se da una buena preparación al recurso humano, este pierde la competividad en el mercado de trabajo.

 

Reforma fiscal inmediata y reducción drástica de la carga tributaria

China y otros países desarrollados han demostrado que el Estado debe ser un aliado y no un enemigo de los negocios; después de todo, de las empresas obtienen su sustento para crecer y garantizar calidad de vida a sus ciudadanos. Si la carga fiscal es exagerada, confiscatoria, injusta y desordenada, las empresas no podrán competir en los mercados internacionales y el mercado interno también se estancará.

 

Reducción del salario y los gastos de los políticos

Países como el nuestro tienen la política más cara del mundo. Esto ocurre por la cultura del ‘malandraje’ y la falta de políticas serias y claras en materia salarial. El político debe entender que tiene la obligación de poner su trabajo y conocimientos al servicio de su país. La Ley debe establecer un tope salarial compatible con el que aplica a otros funcionarios y regirse por los aumentos al salario mínimo del país.

 

Un diputado en China cuesta menos del 10% de lo que cuesta uno en Brasil o México. En los países escandinavos es común ver al primer ministro llegar a su trabajo conduciendo una bicicleta económica, como los ciudadanos comunes.

En nuestros países, el manejo del dinero público y los megasalarios de los políticos no corresponden a su productividad ni a los beneficios que deja su trabajo. Un pueblo que se siente robado por sus líderes pierde la percepción de lo que es correcto, justo, honesto y honorable.

 

Desburocratización inmediata

Los países en vías de desarrollo y los emergentes suelen ser muy burocráticos y complicados; presentan barreras, trabas y requisitos innecesarios que a menudo impiden, dificultan y encarecen la negociación, lo que termina frenando, no solo el desarrollo de las empresas sino el del país.

 

Inversión pública eficiente

En los últimos cincuenta años, los países con potencial de desarrollo han sufrido una parálisis preocupante en las inversiones públicas. La falta de inversión en infraestructura, educación, cultura y todas las áreas que dependen del Estado, frenará el crecimiento de los países emergentes por lo menos durante otros cincuenta años si no adoptan una posición firme en este momento. Se necesita coraje para superar las adversidades políticas e invertir correctamente en lo que más se requiere.

 

Inversión para cambiar la cultura

La población de los países emergentes ya no cree en el gobierno, no respeta las instituciones, no cree en sus leyes ni en su cultura; se acostumbró al desorden gubernamental y empezó a ver como algo normal las noticias sobre corrupción, violencia, deterioro de los servicios públicos, etc. Por lo tanto, se necesita invertir en la formación cultural del pueblo desde las escuelas, las empresas, las iglesias, las instituciones públicas y así sucesivamente, comenzando con la educación para el trabajo y la búsqueda de la excelencia en un mundo globalizado, enseñando al pueblo a amar y honrar a su país. De otro modo pueden comenzar a emerger milicias armadas en busca de espacio y poder paralelo al gobierno.

 

Inversión inmediata en ciencia y tecnología

Incluso Brasil, el país más grande y poderoso de América Latina, invierte menos del 8% de lo que invierte China en ciencia y tecnología. Nuestros países no tienen la calidad requerida en ingeniería, medicina y otros campos, no cuentan con profesionales preparados para competir con los países desarrollados que los aventajan veinte años.

 

Reducción de la edad laboral y penal a 16 años

México es de los pocos países que todavía trata a los adolescentes como niños que no son responsables de sus actos, y les prohíbe ofrecer su mano de obra. Esta contradicción hipócrita de la ley solo sirve para crear peligrosos delincuentes que operan en la impunidad hasta los 18 años, llegando a la mayoría de edad formados para el delito porque no pudieron trabajar antes en algo honesto.

 

En China, los jóvenes tienen permiso del gobierno para trabajar de manera formal a partir de los 15 años, siempre que sigan estudiando; y responden por sus crímenes como cualquier adulto.

 

 

Fuente:  Blog del periodista Joemir Beting, de la Red Bandeirantes de Brasil.