No hay duda de que el rock es altamente estimulante. Pero ¿existe alguna causa detrás de este fenómeno que no sean los requintos de las guitarras y el estrepitoso repiqueteo de las baterías?

UCLA Center for Behavior, Evolution and Culture de los Angeles, Ca. De acuerdo con algunos científicos, el rock saca el animal que tenemos dentro porque recrea el sonido primitivo de la llamada sexual o de auxilio, aludiendo a cierto tipo de comportamiento.

Los sonidos abruptos, ásperos y discordantes, las distorsiones aleatorias y los repentinos cambios de frecuencia producidos por los instrumentos, así como los gritos y las expresiones de los cantantes, tan característicos del rock, son similares a las señales de peligro o de excitación generadas por los animales en su estado natural, por lo que producen ansiedad, estado de alerta y mucha adrenalina en el público.

La música que disfrutamos, sea cual sea su naturaleza, activa los centros nerviosos asociados con los comportamientos de recompensa. Por el contrario, la música que nos desagrada activa otras regiones cerebrales, como la amígdala, una larga estructura gris enterrada en el prosencéfalo, asociada con el estado mental de la persona y sus respuestas subjetivas a la emoción, frecuentemente relacionadas con eventos que provocan estados afectivos negativos.

Los movimientos rítmicos del cuerpo que surgen como respuesta a la música son un atributo humano universal dirigido por los circuitos neuronales que involucran el complejo sistema motor de ganglios basales.

La música es ciertamente energetizante y estimulante, aunque unas veces puede ser maravillosa y otras terriblemente distractora. Pero lo más sorprendente es que se trata de un canal de comunicación único y universal del ser humano, que no distingue edad, credo, raza ni nacionalidad.

Así que más que preguntarnos si el rock despierta al animal que tenemos dentro, debemos cuestionarnos si, aun cuando aluda a nuestros instintos más básicos, el rock logra sacar al ser humano que todos llevamos dentro.

(Alan Harvey es profesor de Anatomía, Fisiología y Biología Humana en la Universidad de Western Australia).